29 de marzo de 2020 00:00

Astérix, el galo irreductible

Albert Uderzo junto a muñecos de sus personajes, en el lanzamiento de ‘El papiro del César’, del 2015. Foto: asterix.fandom.com

Albert Uderzo junto a muñecos de sus personajes, en el lanzamiento de ‘El papiro del César’, del 2015. Foto: asterix.fandom.com

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Alejandro Ribadeneira
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Con la muerte del dibujante francés Albert Uderzo, ocurrida el martes 24 de marzo, el mundo del cómic dijo adiós a uno de sus caricaturistas más divertidos y reverenciados, además de que Astérix y Obélix, sus personajes más conocidos, perdieron a su segundo padre.

Uderzo creó junto al guionista René Goscinny (1926-1977) la serie Astérix, el Galo’, una propuesta satírica ambientada en la Galia del año 50 a.C. y que es considerado el cómic en francés más popular del mundo, con traducciones a casi todos los idiomas conocidos y más de 300 millones de ejemplares vendidos de sus álbumes.

La tradición francesa de la historieta es riquísima, pero solamente cuatro títulos han logrado ser universales: ‘Las aventuras de Tintín’, ‘Lucky Luke’, ‘Los pitufos’ y ‘Astérix’. Sin embargo, solo los irreductibles galos han logrado dar el salto a diez filmes de animación, cuatro largometrajes de acción real y nada menos que 15 títulos de videojuegos y un parque de diversiones. Sí, el imperio de Astérix terminó siendo tan grande como el Imperio Romano al que resistía.

Uderzo, quien al fallecer tenía 92 años y ya no dibujaba a ‘Astérix’, dotó de gracia y personalidad a las ocurrencias de su compadre Goscinny, quien apeló a los estereotipos como base de su humor satírico, algo que, en la sociedad de hoy, quizás no sería bien recibido.

Los productos culturales son hijos de su tiempo, así que hay que recordar que Goscinny y Uderzo crearon a Astérix en 1959, catorce años después del final de la Segunda Guerra Mundial, a medio camino de los rencores y de los miedos por la Guerra Fría. Los críticos de la época acusaban a Astérix de chauvinismo cultural, por el hecho de que los galos eran los que siempre ganaban.

Quien haya leído este cómic, sabe perfectamente el inicio de cada relato: “Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”. La aldea no tiene nombre porque es un símbolo de Francia y, en un principio, la idea de sus creadores era reflejar la cultura del país, pero también parodiarlo de alguna manera.

En el camino, el proyecto se convirtió en una parodia de Europa, así que fue inevitable acudir a los tópicos. Los godos, por ejemplo, son presentados con un gran parecido a los prusianos de fines del siglo XIX, militarizados y con los conocidos cascos de Pickelhaube (los anacronismos son una constante en esta obra). Los griegos aparecen llenos de hijos y con sus perfiles resaltados. Los habitantes de Hispania, pequeños y enojados, son fanáticos de los toros.

Francia también aparece caricaturizada, con la extrema susceptibilidad de los corsos, el gusto de los marselleses por el juego de la petanca y la manía de los normandos de nunca dar respuestas directas.

Todo esto se redondea con los nombres de los personajes. Los mismos galos son parodiados con nombres que terminan en ‘-ix’, que coincide fonéticamente con terminaciones habituales como -ixe o -isque. Por eso, gran parte de la gracia se pierde en las traducciones, aunque no dejan de ser divertidas: Edadepiédrix es el más viejo de la aldea y Filatélix es el cartero, y así.

Lo mismo ocurre con los personajes de otros pueblos. Los godos tienen nombres que parodian a las lenguas germánicas (el jefe Teleféric) y los romanos, al latín (el centurión Tullius Comounacabru). En el 2017 apareció un personaje romano llamado Coronavirus, lo que demuestra que los Simpsons no son los únicos que ‘hacen predicciones’.

Los personajes principales, en otro ingrediente del éxito, no son héroes exactamente, sino que tienen defectos, como enfadarse entre ellos. Astérix es pequeño pero obtiene fuerza sobrehumana al beber una poción mágica, aunque la astucia es su mayor virtud. Obélix es enorme y gordo, noble y valiente, eternamente poderoso por un accidente, pero terco a veces. Panorámix es el sabio druida e Ideafix es el inteligente perrito de Obélix. ¡Y cómo olvidarnos de César!

La idea de Goscinny y Uderzo fue que, a lo largo del tiempo, ‘Astérix, el galo’ siempre tuviera algo para contar. Por eso, los álbumes tomaban en cuenta mucho la realidad actual para sus guiones y dibujos. Desfilaron personajes como The Beatles, Jacques Chirac, Laurel y Hard, y eso se mantuvo después de que Goscinny murió en 1977, e incluso luego de que Uderzo se jubiló, en el 2005.

Jean-Yves Ferri (guionista) y Didier Conrad (dibujante) se han hecho cargo de cuatro álbumes. En ‘El papiro del César’, del 2015, aparece Julián Assange (se llama Doblepolémix) y los galos descubren las ‘nuevas tecnologías’. Y en ‘La hija de Vercingétorix’, el último (2019, la heroína recuerda a Greta Thunberg.

Aunque Uderzo ya no está, habrá Asterix para rato, pues los herederos planean que su imperio no solo sea irreductible, sino que se expanda más.

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