6 de enero de 2020 00:00

El artista guayaquileño Roberto Noboa repasa 25 años de trayectoria en un libro

Noboa posa con un ejemplar de su libro en su taller en Guayaquil. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

Noboa posa con un ejemplar de su libro en su taller en Guayaquil. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

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Alexander García
Redactor (I)
agarciav@elcomercio.com

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La pintura de Roberto Noboa parece cifrar una crítica soterrada a su propia extracción social, una clase alta local y latinoamericana, pero también a la noción de progreso que implica desplazar a la naturaleza. En la obra del pintor de las canchas de tenis y los palacetes abandonados irrumpen venados, aves sombrías y figuras fantasmales como reclamando el espacio que les fue robado.

El artista guayaquileño repasa 25 años de trayectoria en un libro que lleva su nombre y que publicó la editorial ecuatoriana Eacheve, especializada en arte. Ofrece una mirada retrospectiva al estilo expresivo del artista, con un espectro de colores que van de los más vibrantes a oscuros, pasando por sus conocidos neutros y diluidos pasteles.

En los noventa su tema principal eran las aves, gallinas deformes de colores rojos en fondo blanco, por ejemplo, cuyos contornos pintaba en los bordes de sus lienzos.

El libro está dividido en cuatro galerías-capítulos, el primero tiene por título ‘Lanzaban sillas’. “El capítulo encierra obras que tienen que ver con la infancia como inocencia y descaro, obras que empecé a trabajar en 1994 hasta cuadros actuales, son temas que han sido recurrentes”, apunta.

En 2002 surgieron los campos de tenis para ponerse al margen de las problemáticas sociales y las coyunturas políticas que marcaban las obras de sus contemporáneos. “Comencé a pintar las canchas para incomodarme, para introducir un elemento distinto a lo que venía haciendo, opuesto en color y en forma”, cuenta. “Las aves eran más expresivas, la cancha de tenis es fría, geométrica, limpia, minimalista y se asocia a otro tipo de cosas. Me obligaban a cambiar mi procedimiento de pintura”.

Noboa es aficionado al tenis y reconoció en el tema un significado más hermético, dice. Luego empezó a trabajar con arquitecturas, casas y lámparas, con la misma idea de la naturaleza que reclama se toma los espacios. La extrañeza y unas narrativas cifradas marcan también el trabajo de Noboa, que reconoce que su obra atiende también a factores inconscientes. “El arte, a veces, se impone; está más adelantado que el artista (…). Tiene que plantear preguntas, gritarlas. Más allá de que el artista tenga respuestas el cuadro les hace preguntas al propio artista y al espectador”, reflexiona.

Eliana Higaldo, directora de Eacheve, apunta que el libro brinda un acercamiento inédito a la obra del artista con más de 200 pinturas, dibujos y bocetos, sus trabajos característicos y “un Noboa menos conocido” y con “un corpus (de obra) aún abierto a estudio e interpretación”. En palabras de Higaldo, el capítulo ‘En un lugar equivocado’ da cuenta del tratamiento del espacio en la obra del artista, ‘Ni frío ni calor’ reúne obras que trabajan la dualidad como concepto, y ‘Por ahí pasaron’ destaca personajes –de animales a monstruos- que pueblan sus pinturas.

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