2 de enero de 2020 00:00

El artesano rural de Otavalo tiene espacio para la capacitación

José Luis Farinango, propietario de Artelar Farinango, fue uno de los participantes en la Feria Artesanal Maky Away. Fotos: Álvaro Pineda / para EL COMERCIO

José Luis Farinango, propietario de Artelar Farinango, fue uno de los participantes en la Feria Artesanal Maky Away. Fotos: Álvaro Pineda / para EL COMERCIO

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José Luis Rosales
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

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Diferentes tipos de telares de madera son la esencia de Artelar Farinango, ubicado en la comunidad kichwa de Quinchuquí, en Otavalo.

En el lugar hay una galería que ofrece una variedad de chalinas, bufandas, bolsos, manteles, caminos de mesa, entre otros artículos, a los turistas que visitan el poblado.

Todas las prendas son elaboradas en estos telares a mano, explica orgulloso Cecilio de la Torre, artesano de esta microempresa familiar.

Al igual que otros manufactureros indígenas de Otavalo, De la Torre heredó las técnicas de su padre José Antonio. Aún recuerda que cuando era niño veía a su progenitor elaborar coloridos chales de lana en los telares de cintura o callúa.

Además de los conocimientos que le ha dado la práctica, se capacitó en los talleres que ofrece la Cámara Artesanal de Otavalo (Cadeo). Los cursos de contabilidad, tributación, gremiales y diseño se imparten a los 50 socios que integran este gremio.

La entidad fue creada hace dos décadas y congrega a artesanos de las zonas rurales del cantón. La formación es una de las actividades prioritarias de la Cadeo, explica Narcizo Conejo, presidente ejecutivo.

Se busca responder a las demandas de los socios. Para este año se prevé suscribir convenios con dos instituciones de educación superior.

Cecilio de la Torre maniobra varios modelos de telares. Este kichwa otavalo es el encargado de hacer diseños de tejidos.

Cecilio de la Torre maniobra varios modelos de telares. Este kichwa otavalo es el encargado de hacer diseños de tejidos.

El objetivo es que los estudiantes de carreras como comercio exterior y finanzas realicen un acompañamiento a los artesanos, como parte del proceso de vinculación de estas entidades con la comunidad.

Estos productores también buscan espacios para exponer sus trabajos. Por eso, en diciembre anterior se hizo la primera Feria Artesanal y de Gastronomía Andina Maky Away (Manos Portadoras de Conocimiento, en español).

Su nombre está inspirado en el ingenio y las técnicas del tejido y bordados que han heredado los kichwas otavalo.

“La idea es que esos saberes que hemos adquirido de nuestros ancestros vayan renovándose”, indica Conejo. En esta vitrina se mostraron tejidos, música, danza, juegos tradicionales y platos típicos.

Otra de las iniciativas que busca impulsar la Cadeo es que estos emprendedores contemplen en su producción diseños simbólicos que se han dejado de reproducir o que se recreen nuevos. Hay íconos como el coraza, el lechero, la cascada de Peguche y el colibrí que pueden introducirse en prendas estampadas.

Uno de los ejes que más inquieta es que se están perdiendo las técnicas ancestrales. Este fue uno de los temas que se abordó en la conferencia Artesanías con identidad, un desafío al futuro, que se hizo en noviembre pasado.

Sayri Lema Conejo es el autor de una investigación sobre la propiedad intelectual de los tejidos kichwas de Otavalo, rea lizó este estudio antes de obtener el título de abogado en la Universidad de Otavalo.

Uno de los retos es que las organizaciones artesanales del cantón trabajen en la obtención de una marca de certificación. “Los artesanos que conocen de la técnica ancestral pueden dar valor agregados a estos artículos”.

Lema señala que esto posibilitará conocer detalles, como procedencia, material y mano de obra de cada producto.

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