22 de marzo de 2020 00:00

20 años del detective experto en simbología

Dan Brown nació en 1964, en Nuevo Hampshire, EE.UU.  Fue músico. Ha publicado cinco libros con el personaje de Robert Langdon como protagonista.

Dan Brown nació en 1964, en Nuevo Hampshire, EE.UU. Fue músico. Ha publicado cinco libros con el personaje de Robert Langdon como protagonista.

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Alejandro Ribadeneira (O)

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Las preocupaciones por el coronavirus han hecho que varios eventos y conmemoraciones queden relegadas, como si esta emergencia estuviera enterrando el pasado y obligándonos a replantearnos todo.

Por eso, es sugestivo que hace 20 años se haya lanzado ‘Ángeles y demonios’, la novela de Dan Brown que causó un gran impacto por, justamente, apelar al pasado para imaginar una ficción del presente.

Esa novela en particular, como todo trabajo intelectual, es deudora de otras propuestas; pero también influyó para que los escritores de ‘best-seller’ se acercaran a la Iglesia Católica como lugar, institución y personaje desacralizado.

Dan Brown no estaba destinado a ser novelista. Lo dice su biografía y pero también su primera novela, ‘La fortaleza digital’ (1988), una mezcla de thriller y ciencia ficción repleta de datos errados sobre tecnología y con una trama superficial. A los españoles no les cayó bien la descripción tercermundista de Sevilla.

Pero su estilo de falsa erudición, su ambientación (un misterioso código y una protagonista decidida a resolverlo) y su fluidez hicieron de ‘La fortaleza digital’ un éxito comercial que abrió a Brown el apetito por explorar su fórmula.

Antes de esto, Brown había construido una modesta carrera como pianista y cantante, e incluso grabó dos álbumes. Pero su vocación dio un giro cuando leyó ‘La conspiración del juicio final’ (1991), de Sidney Sheldon, thriller en que un oficial naval investiga el accidente de un globo meteorológico en los Alpes suizos.

Si Sheldon aportó la esencia del thriller (debe haber un misterio y un investigador), Brown debía hallar un escenario que no haya sido demasiado explorado y que resultara atractivo para plantear una historia policial. Y escogió a la Iglesia Católica.

La responsabilidad de la Iglesia en hechos alejados del mensaje de paz y amor de Jesús sí se abordó por algunos autores. El francés Alejandro Dumas pintó perversidades e intrigas eclesiásticas en ‘Los Borgia’ (1939), además de que convirtió al cardenal Richelieu en el villano estelar de ‘Los tres mosqueteros’ (1844).

Antes, en 1796, el británico Matthew Lewis publicó ‘El monje’, un relato fantástico en el que un sacerdote es el malvado de la historia y que inspiró al francés Víctor Hugo para crear al archidiácono Claude Frollo, villano de ‘Nuestra Señora de París’ (1931).

‘El nombre de la rosa’ (1980), del italiano Umberto Eco, planteó a un religioso, fray Guillermo de Baskerville, investigando una misteriosa serie de crímenes en una abadía, con la sombra de la Inquisición como telón de fondo.
Brown bebió de todo eso y, para su segunda novela, solo le faltaba el detective correcto. Su editor le sugirió que debía crear un investigador con tanto carisma que pudiera ser utilizado en nuevas historias, como el reflexivo padre J. Brown, de G. K. Chesterton o el rudo y solitario Philip Marlowe, de Raymond Chandler.

Así, en ‘Ángeles y demonios’ hizo su debut el profesor Robert Langdon, experto en Simbología (¡ciencia inventada!) e Historia del Arte, portador de un reloj de Mickey Mouse (para recordar que debe ser joven de espíritu) y con el aspecto del actor Harrison Ford.

Ángeles y demonios’ triunfó en las vitrinas aunque la crítica estuvo dividida. Robert Langdon resultó encantador, no solamente por su sabiduría, sino por los detalles de alguien contemporáneo: 45 años, deportista, atractivo, sonrisa espontánea y demasiado apegado a la soltería, aunque dispuesto al romance. Su ‘look’ habitual -suéter de cuello alto y chaqueta tweed- fue el complemento para un personaje que caló entre los lectores.

El relato del libro mezcla las intrigas de la Orden de los Iluminados con armas antimateria, el Vaticano, un asesino que siempre lleva la delantera y una científica italiana como aliada e interés amoroso. Fue un intento de darle a la novela histórica, de la que Dumas fue un maestro, un giro hacia el thriller, lo cual inevitablemente condujo a la necesidad de aumentar la ficción.

El problema técnico de Dan Brown, sin embargo, estuvo en su incompetencia para investigar el italiano y la geografía europea. Aunque la ficción sea eso, una invención, la verosimilitud del relato debe sostenerse dentro de su contexto. Robert Langdon falló, por ejemplo, al decir que el concepto del sacrificio de Jesús para redimir los pecados fue un invento de los aztecas en torno al dios Quetzalcóatl. Una equivocación crasa, pues Jesús es anterior a los aztecas.

Dangdon (o Brown) también yerra sobre el origen de la palabra ‘Satanás’ y sobre el requisito de los idiomas que debe conocer un candidato a ser Papa. Pero estas debilidades no impidieron que ‘Ángeles y demonios’ azuzara el interés de Brown y de otros autores por proponer más relatos con estas características.

Brown profundizó en el escenario religioso y escribió ‘El código Da Vinci’, publicada en el 2003 y otra vez con Robert Langdon como protagonista. La polémica por sus errores históricos y la ficción sobre María Magdalena y el Santo Grial generaron más ruido que la calidad del libro.

Robert Langdon, más allá del debate, se consagró dentro del mundo del thriller y aparecería en las novelas ‘El símbolo perdido’ (2009), ‘Inferno’ (2013) y ‘Origen’ (2017). Que un actor del calibre de Tom Hanks le diera su rostro en tres filmes es el clímax para un personaje que llegó mucho más lejos de lo que sus detractores esperaban con su Simbología.

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