11 de julio de 2019 00:00

El cantante Andrés Tufiño propone el ‘alba-pop’ en su música

Tufiño usa su apellido como nombre artístico en esta nueva etapa de su carrera. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

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La idea según el cantautor riobambeño Andrés Tufiño Robalino es darle una continuidad a la música patrimonial ecuatoriana, en su caso al albazo, hasta sacarlo de su entorno tradicional y situarlo en la contemporaneidad, en una fusión con balada pop y elementos de síntesis electrónica. “Se trata de tocar albazos en el siglo XXI”, dice el cantante.

Tufiño promociona su primer EP de cuatro canciones, titulado ‘Electro Shunguito’, del que se desprende el sencillo promocional Guambra bandida. Al utilizar términos coloquiales como guambra (chica o muchacha) y shunguito (corazoncito) muestra la identidad andina que el artista quiso imprimirle al trabajo discográfico.

Guambra bandida no es del todo una canción de despecho. Más bien es una reflexión sobre una relación que fue”, cuenta el artista de 27 años.
En sus temas, el cantante se mueve entre géneros como el vallenato, el pasillo, el albazo o el yaraví. Este últimos es uno de los géneros nacionales de mayor presencia armónico-melódica indígena.

La idea -dice- es reivindicar ese criollismo y mestizaje. Es trabajar con la melancolía ligada a las raíces indígenas de una corriente más ancestral, contrastándola con la más universal del pop. “Y creo que pueden amalgamarse bastante bien. Estas canciones tienen también esa lágrima. Al mismo tiempo, el albazo es una danza y te llama a mover el cuerpo”.

Tufiño reside en Guayaquil y realizó estudios en Producción Musical en la Universidad de las Artes (UArtes), lo que lo impulsó a ir en la búsqueda de una identidad musical propia.

“Me libré de muchos prejuicios al momento de grabar este EP; fue algo muy sincero y honesto”, apunta el riobambeño, que acuña ‘alba-pop’ a su propuesta. “Sigo en mi camino de buscar mi propio sonido, parto de esta necesidad de expresarme desde mi identidad, desde este tipo de música que es muy mía, muy de mi Sierra”.

Su búsqueda empezó dos años atrás con el ‘neopasillo’ Corazón pendiente, segundo premio del concurso nacional Jóvenes Compositores del Pasillo, organizado por la Municipalidad de Guayaquil y el Museo Municipal de la Música Popular Julio Jaramillo.

Según Gerardo Guevara, compositor ecuatoriano de música académica, el albazo “es un yaraví que va ganando velocidad hasta convertirse en lamento de danza”. Se trata de producto del mestizaje musical indo-hispano, aunque con mayor raigambre armónico-melódica indígena. A su vez, el yaraví “es tan natural y sencillo como un suspiro”, “falto de reglas” y sustentando “en la repetición de dos o tres frases melódicas”, según Juan Mullo Sandoval en ‘Música patrimonial del Ecuador’.

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