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El ruido sísmico se redujo por el aislamiento

Vista aérea de la avenida Reforma, en la Ciudad de México, una de las más transitadas en América Latina. Foto: AFP

Vista aérea de la avenida Reforma, en la Ciudad de México, una de las más transitadas en América Latina. Foto: AFP

Vista aérea de la avenida Reforma, en la Ciudad de México, una de las más transitadas en América Latina. Foto: AFP

El confinamiento al que ha sido sometida casi la mitad de la población mundial ha resultado en un efecto sobre el planeta. Desde marzo, cuando empezaron a implementarse las primeras medidas de cuarentena, el ruido sísmico se ha reducido en muchas ciudades debido a factores como la paralización de ciertos sectores productivos, la movilidad restringida y la poca circulación de personas en medios de transportación masiva.

En una entrevista con la cadena televisiva CNN, Thomas Lecocq, geólogo y sismólogo del Observatorio Real de Bélgica, explicó a inicios de abril que el ruido sísmico de Bruselas se redujo entre un 30 y 50%. Esto empezó como un experimento hacia el 20 de marzo, cuando publicó un tuit con la intención de monitorear esta actividad sísmica en particular.

Hacia el 6 de abril, institutos en Asia, Oceanía, Europa y América replicaron el experimento, llegando a una conclusión similar: el ruido sísmico había bajado entre un 40 y un 60%, dependiendo del tipo de restricciones de movilidad impuestas en cada país. Por ejemplo, en Chitwan, Nepal, los valores bajaron casi en un 70%. Por otro lado, en metrópolis como Nueva York, la reducción alcanzó poco más del 50% en los días más críticos de confinamiento.

La reducción del ruido sísmico también se midió en Ecuador. El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) registró, en dos estaciones acelerométricas en Quito y Guayaquil, una reducción de aproximadamente un 60% del ruido sísmico entre la tercera semana de marzo y la primera de abril.

Stephen Hernández, sismólogo del Instituto Geofísico de la EPN, explica que el ruido sísmico o cultural es un término con el cual se denominan a todas las actividades que el humano produce sobre la tierra y también a ciertas que son de origen natural. En ese sentido, este se puede generar por la circulación de vehículos pesados en una carretera, el movimiento de personas en una marcha y, también, por el golpe de las olas contra la plataforma continental.

Todos estos movimientos generan vibraciones que son registradas usualmente por aparatos técnicos, sobre todo en aquellos ubicados en ciudades o cerca de zonas pobladas.

“En el Ecuador, esta reducción del ruido sísmico podría permitir la detección de sismos tectónicos y volcánicos más pequeños que cuando las ciudades desarrollan sus actividades normales”, explica el Instituto Geofísico de la EPN en un comunicado de prensa.

En un encuentro con la revista National Geographic, Lecocq comenta que todavía es muy temprano para conocer si existe una relación de causa y efecto muy directa entre las medidas de aislamiento social y los datos relacionados con la actividad sísmica. Sin embargo, la información recopilada en estos primeros meses ha ayudado a los expertos en sismología a ‘escuchar’ al planeta con una mayor claridad y, posiblemente, a entender mejor el comportamiento de las masas de tierra en zonas pobladas.

Este llamado ‘silencio’ del planeta, por otra parte, sí puede ayudar a detectar ligeros o pequeños sismos que usualmente escapan de los registros debido a la presencia humana.

Pero el ruido sísmico no solo se puede medir en tierra firme. En los últimos años, investigadores en la materia se han aproximado al estudio de los cables submarinos para ampliar la comprensión sobre el ruido en aguas abiertas y así conocer mejor el comportamiento geológico del planeta.

Un estudio presentado el año pasado por la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, determinó que 20 kilómetros de cable submarino de fibra óptica son el equivalente a 10 000 estaciones sísmicas instaladas en el lecho marino. Esto podría ser de gran ayuda ya que el 70% del planeta está bajo el agua y, precisamente, es la zona menos estudiada debido a que existen muy pocas estaciones sísmicas allí.

En la actualidad existen aproximadamente 406 cables submarinos que también podrían ayudar a calcular el ruido sísmico del planeta, una herramienta de gran ayuda sobre todo en zonas costeras.