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El permafrost ártico libera más CO2 de lo que se creía

Lago termokárstico en Alaska, formado cuando el permafrost se descongela. Foto: NASA

Lago termokárstico en Alaska, formado cuando el permafrost se descongela. Foto: NASA

Lago termokárstico en Alaska, formado cuando el permafrost se descongela. Foto: NASA

El deshielo en el suelo permanetemente helado en el Ártico por la subida de temperatuas liberará cantidades aún mayores de CO2 de lo que se suponía proveniente de la materia orgánica del permafrost.

Esta es una reserva de carbono que antes se pensaba que estaba ligado firmemente y de forma segura por la presencia de hierro, pero un nuevo estudio con participación de la Universidad de Copenhague sugiere una realidad más frágil.

Se estima que la cantidad de carbono almacenado que está unido al hierro y se convierte en CO2 cuando se libera es entre dos y cinco veces la cantidad de carbono liberado anualmente a través de las emisiones de combustibles fósiles antropogénicos.

Los investigadores saben desde hace mucho tiempo que los microorganismos desempeñan un papel clave en la liberación de CO2 a medida que se derrite el permafrost. Los microorganismos que se activan a medida que se derrite el suelo convierten las plantas muertas y otros materiales orgánicos en gases de efecto invernadero como el metano, el óxido nitroso y el dióxido de carbono.

Lo nuevo es que se creía que el hierro mineral se unía al carbono incluso cuando el permafrost se descongeló. El nuevo resultado demuestra que las bacterias incapacitan la capacidad de atrapar carbono del hierro, lo que resulta en la liberación de grandes cantidades de CO2. Este es un descubrimiento completamente nuevo.

“Lo que vemos es que las bacterias simplemente usan minerales de hierro como fuente de alimento. A medida que se alimentan, los enlaces que habían atrapado el carbono se destruyen y se liberan a la atmósfera como gas de efecto invernadero”, explica en un comunicado el profesor asociado Carsten W. Müller del Departamento de Geociencias y Gestión de Recursos Naturales de la Universidad de Copenhague.

“El suelo congelado tiene un alto contenido de oxígeno, lo que mantiene estables los minerales de hierro y permite que el carbono se una a ellos. Pero tan pronto como el hielo se derrite y se convierte en agua, los niveles de oxígeno bajan y el hierro se vuelve inestable. Al mismo tiempo, se derrite el hielo permite el acceso a las bacterias. En conjunto, esto es lo que libera el carbono almacenado en forma de CO2“, explica Müller.

El estudio se acaba de publicar en Nature Communications.