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La crianza de la philornis ofrece vías para su control

Varias moscas son capturadas en estado salvaje, otras en su etapa larvaria. En los laboratorios se simula su hábitat para que puedan cumplir su ciclo.

Varias moscas son capturadas en estado salvaje, otras en su etapa larvaria. En los laboratorios se simula su hábitat para que puedan cumplir su ciclo.

Varias moscas son capturadas en estado salvaje, otras en su etapa larvaria. En los laboratorios se simula su hábitat para que puedan cumplir su ciclo. Foto: Cortesía Fundación Charles Darwin

La Fundación Charles Darwin crió a cerca de 3 000 moscas de la especie Philornis downsi dentro de sus laboratorios, como parte de su estudio para el control de este organismo parásito, que amenaza a 21 especies de aves en el archipiélago.

Esta mosca es una especie introducida y entre las aves afectadas se incluyen el pinzón de manglar, en peligro crítico. Estos insectos colocan sus huevos en los nidos. Una vez que las larvas nacen, se alimentan con la sangre de las crías, que en ocasiones produce la muerte de todos los polluelos.

Con la investigación se logró entender el comportamiento de este insecto invasor en su etapa larvaria y adulta. Paola Lahuatte es la encargada del laboratorio. Ella fue quien desarrolló el método de crianza para realizar un estudio pormenorizado.

“La hemos mantenido en el laboratorio a base de una dieta de jugo de papaya y hemos entendido su ciclo en estado larvario, que es cuando infecta a los polluelos. Tener la mosca viva para hacer experimentos era todo un desafío”, contó Lahuatte a este Diario.

Dentro del laboratorio se adecuaron espacios para mantener con vida a las larvas, con alfombras que simulan la estructura de los nidos y con sangre de gallina conservada en tubos, que se asemejan a las fosas nasales de las aves.

Según Lahuatte, esta técnica es pionera para el mantenimiento de la especie dentro del laboratorio. Por ahora estudian las conexiones químicas de la mosca para que también empiecen a aparearse dentro de este ambiente controlado y conocer todos sus ciclos.

El récord de vida dentro del laboratorio fue de nueve meses, según recuerda la científica. Cuenta que mantener a la especie en este ambiente controlado también ha servido para la experimentación y para encontrar a un enemigo natural, que funcione como control biológico y disminuir el perjuicio que ha causado a especies de las islas.

Respecto de ese tema, la científica Charlotte Causton explica que esa investigación avanza con resultados prometedores. Encontraron a una avispa de la especie Conura anullifera, que se alimenta principalmente de la mosca y que, tras estudios, podría ser introducida a la isla.

“Estamos en la segunda fase en la que tratamos de comprobar que esta avispa no afectará a otras especies. Debemos analizar su rango alimenticio, su ecología tanto en el campo como en el laboratorio”, explicó la especialista.

Desde el 2017 analizan el comportamiento de la avispa para controlar a la mosca y, según Causton, en dos años podrían finalizar los estudios. Si se garantiza que no afectará al ecosistema o a otras especies, iniciarán los trámites para su introducción en las islas.

Según el censo que se realizó, 15 islas están afectadas por la presencia de la Philornis downsi, las de mayor afectación son las que están pobladas. Esto debido a que presentan un mejor ambiente para el desarrollo de la mosca.

Mientras el plan de control biológico continúa en investigación, la Fundación Charles Darwin, en concordancia con el Parque Nacional Galápagos, organiza brigadas para combatir al parásito con un agente químico denominado permetrina. Se trata de una solución de corto plazo, según explicó Causton. En este caso, se realizan inyecciones de este agente en la base de los nidos para combatir a las larvas. Personal de ambos organismos ubican los lugares de anidación y realizan el procedimiento de forma manual.

“Con la ayuda de la Universidad de Viena se ha desarrollado un sistema con una vara de 6 metros y el uso de una inyección a presión. Es tan precisa que se puede usar en el nido del pájaro brujo, que es pequeñito y frágil”, explicó la científica a este Diario.