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Más de la mitad de los anfibios de Ecuador se encuentran bajo amenaza

El llamado cutín de sangre se encuentra ya en el apartado ‘En peligro’. Foto: Cortesía

Un metro cuadrado de los páramos de la Reserva Ecológica Antisana albergaba hasta 50 ranas jambato negro hace 41 años. A finales de los 80, estos anfibios desaparecieron de su hábitat y finalmente se encontró una pequeña población en el 2016, que es la única sobreviviente.

Algo similar ocurrió con la rana de cristal gigante. A pesar de su gran tamaño, no se la ha vuelto a ver desde los años 90. Diego Cisneros-Heredia, director del Museo de Zoología de la Universidad San Francisco de Quito, halló en ese momento a la última población de esta especie en una cascada cercana a Chiriboga, en Pichincha.

El investigador cuenta que este río más tarde se contaminó por la rotura de un oleoducto, se registraron desbordes de las piscinas de truchas y hubo un aumento de la temperatura ambiental. Estos factores se cree que llevaron al animal a su desaparición.

Estos casos no son aislados. Aunque Ecuador es el tercer país con el mayor número de especies de anfibios en el mundo, el 57% de estas se encuentra en una categoría de amenaza de la Unión Internacional para la Conservación (UICN).

La nueva lista roja de sapos, ranas, salamandras y cecilias alerta sobre el estado de conservación de estos animales.
Este documento, que se publicó en mayo de este 2021, en la revista Plos One, evalúa la situación de 635 especies de anfibios que habitan en el país. De estos, 363 están en las categorías de ‘En peligro crítico’, ‘En peligro’ y ‘Vulnerable’.

Mauricio Ortega, profesor e investigador de la Universidad Regional Amazónica Ikiam y autor principal del artículo, explica que desde el 2011 no se había hecho una evaluación sistemática del estado de conservación de este grupo de animales en Ecuador.

El proceso para la construcción de la nueva lista se inició en el 2015, cuando se creó el Proyecto de Conservación de Anfibios y Acceso a Recursos Genéticos, del Ministerio del Ambiente y Agua, la Universidad Regional Amazónica Ikiam y el Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios.

Uno de los objetivos de esta iniciativa era la actualización de la Lista Roja de Anfibios y el Plan de Acción para su Conservación. Ortega cuenta que se juntó los esfuerzos de más de 33 especialistas, de varias instituciones y ciudades del país, para construir esta evaluación.

En este trabajo se evaluaron 170 especies más que en la anterior ocasión. En el trabajo del 2011 se analizaron 465 variedades de anfibios. De estas, el 30,5% fueron clasificadas como amenazadas.

Para Ortega, los resultados de la última evaluación son alarmantes, ya que demuestran que el número de especies en riesgo es casi el doble del que se había registrado en el pasado. El estudio revela que 16 géneros de anfibios tienen a todas sus especies en una de las tres categorías de amenaza.

Para Cisneros-Heredia, que también es uno de los autores del estudio y es Autoridad Lista Roja para anfibios de la UICN, los resultados de la última publicación no solo demuestran que se está perdiendo el patrimonio natural, sino que también se están desaprovechando los beneficios de las sustancias que se encuentran en la piel de estos animales.

Aunque cada año se describen nuevas variedades, las poblaciones de anfibios desaparecen a un ritmo acelerado. En algunas ocasiones, cuando se publica su hallazgo, los especímenes ya han desaparecido del lugar donde fueron encontrados.

Los anfibios tienen rangos de distribución muy pequeños, por lo que cualquier alteración en su hábitat puede llevar a una especie a la extinción. Entre las principales amenazas para estos animales se encuentran la minería y la transformación de los bosques en zonas agrícolas y ganaderas.

Otro de los aspectos que resalta en el estudio es el número de especies consideradas como ‘Datos deficientes’. En el trabajo del 2011, el 29% de los anfibios evaluados entró en esta categoría, mientras que en el 2021 se redujo al 4%.

Cisneros-Heredia, dice que, cuando se hicieron las evaluaciones previas, no había suficiente información de algunas especies. Esto se pudo mejorar gracias a la participación del gran número de especialistas.