10 de junio de 2019 00:00

Ambato vive nueva jornada para aprender el kichwa

Alberto Masaquiza, maestro de kichwa, imparte su conocimiento en el idioma kichwa con sus estudiantes. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Alberto Masaquiza, maestro de kichwa, imparte su conocimiento en el idioma kichwa con sus estudiantes. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

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Cuando Alberto Masaquiza ingresa al aula de clase saluda en kichwa. “Alli chishi mashi kuna, imanalla kanki” (Buenas tardes compañeros, como están, en español) dice, y los estudiantes responden “Allillami kanchi tukuykuna yupaychani” (nosotros estamos muy bien gracias).

Sus alumnos son ejecutivos, comerciantes, estudiantes, abogados, médicos y de otras especialidades que buscan aprender el idioma ancestral. El proyecto es impulsado, hace un año, por la Casa de la Cultura Núcleo de Tungurahua.

Masaquiza explica que el kichwa es igual de importante como el castellano o el inglés. Cuenta que es interesante porque tal como se escribe se pronuncia, convirtiéndole en un idioma fácil de aprender, aunque en ocasiones hay inconvenientes en el pronunciación. Esta similitud entre escritura y pronunciación “facilita el aprendizaje”, manifiesta el instructor.

Las actividades se iniciaron hace un mes y medio, en ese período de tiempo aprendieron las vocales a-o-u y las 17 consonantes y su pronunciación y la escritura correcta de cada una, en kichwa.

“Es un idioma interesante que quiero aprender. La idea es comunicarme con la gente de las comunidades indígenas, especialmente cuando realizo investigaciones sobre la danza y sus saberes ancestrales. Esos conocimientos los transformamos en coloridas coreografías”, señala Jorge Moreta, director del Grupo Herencia Ecuatoriana de Danza Indígena (HEDI).

Moreta, de 45 años, aprendió las vocales, el alfabeto y también está en proceso de aprender los saludos en kichwa.

Masaquiza vive en la comunidad Salasaka y viste un poncho negro, un pantalón blanco y una camisa del mismo color. En una de las clases, el instructor pidió a Moreta que se presentara ante sus compañeros, en el idioma ancestral. “Están aprendiendo y captando las explicaciones en forma rápida”, advierte Masaquiza.

Las clases se dictan los martes, miércoles y jueves de 17:00 a 19:00. El horario facilita a que Alejandra Sailema, estudiante de una de las unidades educativas de la ciudad, asista al primer módulo. Está interesada en aprender el kichwa como un “conocimiento general”.

Masaquiza explica en sus clases las últimas modificaciones del kichwa, como el reemplazo de la c de casa por la k. Otro de los cambios, dice en sus clases, es el de g por la w. Antes, ejemplifica, se escribía guagua y ahora wawa.

Pero no solo aprenden el idioma sino parte de la cultura y las fiestas ancestrales del pueblo Salasaka. En la clase el maestro cuenta sobre las celebraciones ancestrales como el Inti Raymi Pawkar Raymi.

Para el presidente de la Casa de la Cultura, Fernando Cerón, la escuela de kichwa es un proyecto importante impulsado por esta entidad. En total son tres módulos de 120 horas cada uno. Los certificados son avalados por la Senescyt.

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