18 de diciembre de 2019 00:00

Álvaro Sevilla investigó e hizo un libro de la Diablada de Píllaro

El alcalde de Píllaro, Mecías Yanchatipán, exhibe la obra de Álvaro Sevilla, autor de ‘Diablada Pillareña’. Foto: Cortesía Municipio Píllaro

El alcalde de Píllaro, Elías Yanchatipán, exhibe la obra de Álvaro Sevilla, autor de ‘Diablada Pillareña’. Foto: Cortesía Municipio Píllaro

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

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Un libro de 90 páginas muestra al menos 100 fotografías de la Diablada Pillareña, declarada Patrimonio Intangible de la Nación.

El fotógrafo y diseñador Álvaro Sevilla recopiló, durante cinco años, los entretelones de este festejo en su obra: ‘Diablada Pillareña’.

Sevilla muestra en su trabajo una narrativa fotográfica de esta celebración, con más de 150 años de historia y que solo podía conocerse los primeros seis días de enero de cada año en que se desarrolla la tradicional fiesta. El tiraje de la obra es de 50 y fue publicada a todo color.

A través de su investigación trata que la gente conozca a los personajes que intervienen en el festejo. “Hay personas que solo escucharon de la Diablada; con el libro busco graficar los entretelones de este festejo, sus personajes y la gente de las comunidades que están detrás de esta celebración”, comenta el autor.

Durante cinco años asistió a la Diablada Pillareña con lo que compartió con la gente, con los integrantes de cada una de las partidas, convivió y conversó con las mamas, taitas, tíos y amigos sobre esta celebración. Eso ayudó a conocer más de cerca sobre esta comparsa que tiene como personales a los diablos, las guarichas, los capariches, el chorizo, el cabecilla de cada partida. “No quería que el trabajo y los archivos recopilados se queden en la computadora, sino plasmarlo en un libro para que las historias contadas por la gente no se pierdan en el tiempo”.

Sevilla cuenta que hay varias teorías del aparecimiento de la Diablada de lo que pudo recopilar en su indagación previa a la publicación. Supone que posiblemente apareció porque los hacendados y representantes de la iglesia permitían a los indígenas realizar fiestas en el Año Nuevo. Ellos se disfrazaban de diablos para burlarse de los hacendados, quienes asustados abandonaban por unos días las haciendas y en ese tiempo los indígenas descansaban.

Según Sevilla, el trabajo investigativo fue importante porque aportó a la cultura del cantón. Afirma que la fiesta es de alegría y de amabilidad de la gente de las comunidades para con los visitantes y lograr documentar los preparativos que comienzan con el ritual de la vestimenta.

Luego continúa con el baile de calentamiento y al final la salida de cada una de las partidas a las calles céntricas de Píllaro acompañado de la banda de pueblo. “Es interesante mirar como los niños, jóvenes y adultos al disfrazarse como disfrutan de esta vivencia y eso es lo que está dentro del contenido del libro”, comenta.

Destaca que las viviendas de los habitantes de Píllaro se transformaron en pequeños talleres. Allí trabajan contra en la confección a mano de las caretas de la Diablada Pillareña. En su trabajo Sevilla también destaca las técnicas antiguas, como es el uso del papel y el engrudo, dan forma a estas estrafalarias mascaras.

Durante los seis días, los diablos se apoderan de las calles. Sevilla cuenta que una ocasión se encontró a una turista que cada año participa en la fiesta.

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