26 de agosto de 2018 00:00

Qué es el alma y qué es el Soul

Territorio, raza, etnia. La música soul, indefinible por naturaleza, tiene la capacidad de llevarnos al cielo y al infierno en un mismo momento.

Aretha Franklin, la 'Reina del Soul' luchó por los derechos civiles. Murió el 16 de agosto del 2018. 

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Santiago Estrella
Editor (O)

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Tal vez fue Steven Tyler, el líder de Aerosmith, quien mejor definió qué es la música soul cuando se lo preguntaron. Respondió: “La música soul es… ufff”. Fue algo así como esos inútiles intentos de definir la poesía. Es muy poco probable que un poeta pueda dar una definición de poesía. Si lo hace, lo más probable es que él mismo quede insatisfecho.

Aretha Franklin murió y todos han coincidido en que el mundo no será igual y que la música soul tampoco lo será sin ella. Pero con muchas muertes ocurre que es más lo que nos dejan que lo que nos arrebatan. Ella era la ‘Reina del Soul’ -y la palabra reina queda corta-. Ese lugar nunca le será usurpado. “Hay cantantes y cantantes y luego, muy por encima de todas, está Aretha. Otras son buenas, pero ella es extraordinaria”, dijo Ray Charles, otra de las figuras totémicas de este género musical que, en realidad, no puede ser acotado por definición alguna pues la palabra que la define, soul (alma), resulta inasible.

Es que, como decía Mahalia Jackson, una cantante de gospel (nacida en Nueva Orleans y fallecida en Chicago, ciudades emblemáticas de la música estadounidense), “la cuestión básica es el sentimiento del ­alma. Lo mismo en blues que en los spirituals. Y también con la música gospel. Es música soul”.

No menos inquietante -por insatisfactoria- fue la definición de Carla Thomas, otra cantante de Memphis: “este sonido fue extraído de las raíces del gospel y las raíces del blues… Y lo etiquetaron ‘música soul’ porque la gente simplemente se puso de pie y cantó de sus entrañas, ya sabes, lo que sea que sintieron, simplemente lo dejaron salir”.

“What is soul? (And What Is Soul Music?)” es una disyuntiva pertinente que se hace Joel Rudinow en su libro ‘Música soul: siguiendo las raíces espirituales del pop, desde Platón hasta Motown’. La traducción sería ‘¿Qué es el alma? (¿Y qué es la música del alma?)’, pero no sería precisa: en castellano y cuando de la música del alma se trata, se usa mayormente otro anglicismo: ‘feeling’. Pero lo que dice Rudinow es que para entrar a definir lo que es este género, primero habría que entender su elemento constituyente.

Uno de los grandes poetas de la resistencia afroamericana –término que al parecer él acuñó- Leroi Jones (luego llamado Amrica Baraka cuando abrazó el islam a la muerte de Malcom X) usa la palabra soul para definir “un ingrediente esencial de la música afroamericana cuya ausencia podría hacer que un oyente iniciado cuestione su autenticidad (como música afroamericana)”. Es decir, una condición esencial es la negritud. Y puede ser algo cierto: hay músicos/cantantes de soul blancos, pero pocos que pueden tener los registros y la pasión. Además, le darán una categoría propia: ‘Blue-eyed soul’ (soul de ­ojos azules).

Tiene sentido si se piensa en términos históricos, sociales y políticos, si se toma como referencia su origen por los años 50. Son tiempos en que el racismo estadounidense es severamente cuestionado. En mucho es una música reivindicativa, no solo contra los mecanismos de la represión blanca y el fortalecimiento de la lucha por el fin de la segregación.

Quizá uno de los temas emblemáticos de la reivindicación negra sea A Change Is Gonna Come, de Sam Cooke, a quien se considera el ‘Rey del Soul’, pues de su voz, como líder de la banda de gospel Soul Stirrers (Agitadores del alma), nacía este género, en 1957, con el sencillo You Send Me.

Video: YouTube, cuenta: SamCookeVEVO

Video: YouTube, cuenta: Markxsound


El problema de definir el término música soul radica en parte al hecho que, como fenómeno cultural, está continuamente y profundamente enredada con una miríada de otras variables culturales. “Y la música soul debiera ser razonablemente identificada o definida en términos de muchas combinaciones de factores regionales, históricos, generacionales, étnicos y raciales”, escribe Rudinow.

Y por eso hay el soul de Detroit o Motown, fundamental en la historia de la música del siglo XX y que terminará derivando al disco, el southern soul, el deep soul, con el sello Stax y su teatro ‘soulsville’. Y hay más: Memphis soul, Birmingham soul (muy vinculado con los derechos civiles), New Orleans soul, Chicago soul, Philadelphia soul. Y el Blue-eyed soul.

Pero sí hay algo en común en todos estos géneros: su raíz proveniente del gospel. Como casi toda música negra, su origen está en esos cantos religiosos de los esclavos y su “profanización”.

“Cuando el gospel dejó la iglesia y se metió en el cuerpo -el cuerpo negro- lo llamamos soul”, escribió Wesley Morris en el New York Times. Y esa es quizá la fascinación fundamental de esta música imposible de definir, porque toca cielo e infierno en un mismo momento. Mejor lo dice Morris: “Agonía, éxtasis y todo lo de más allá y en el medio. Raíces, suelo, pavimento en una mano; la estratósfera en la otra”.

No fue fácil entender esta fuga del gospel. Ray Charles alteró la canción “Tengo un salvador” al profano “Tengo una mujer”. Y le costó: “Recibí cartas acusándome de bastardear el trabajo de Dios. Un gran predicador en Nueva York me regañó ante su congregación. Mucha gente vio mi música como sacrílega”, escribió en su autobiografía.

Aretha Franklin era cantante de gospel. Muchos comenzaron cantando en sus congregaciones. Nina Simone tocaba el piano y su madre era predicadora. Las dos eran, además, luchadoras por los derechos civiles. La primera cantó en los funerales de Martin Luther King Jr.; la segunda se fue para siempre de Estados Unidos con la muerte del líder negro (él decía “negro”) hastiada del racismo. A Aretha la llamaban la ‘Reina del Soul’; a la segunda, ‘La Sacerdotisa’. Tan diferentes la una de la otra, pero tan profundas, tan inspiradas que solo queda citar a Tyler: “ufff”.

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