19 de diciembre de 2019 08:10

2019, el año de Greta Thunberg y el clamor social por la justicia climática

El Centro Histórico de Quito fue el punto de encuentro para una marcha en contra del calentamiento global. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

El Centro Histórico de Quito fue el punto de encuentro para una marcha en contra del calentamiento global. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Agencia EFE

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La cumbre del clima en Madrid (COP25) concluyó a un año en el que los países han visto incrementada la presión social para aumentar su ambición contra el calentamiento global, tras la irrupción de nuevos factores en escena como el fenómeno Greta y las graves evidencias científicas del impacto climático.

Dicha presión contra gobiernos y contaminadores se ha visto propiciada además por el uso de un lenguaje renovado por parte de los grandes medios de comunicación, para informar del calentamiento global con términos más adaptados a la realidad climática que es ya "una emergencia".

En 2019 millones de jóvenes de todo el mundo salieron a las calles y se manifestaron contra la crisis climática tras el ejemplo de las protestas de la joven activista sueca Greta Thunberg, que con solo 16 años es ya todo un icono del activismo ambiental.

A ello se añade este año la presión social de una ciencia especialmente prolífica en datos que evidencian la gravedad del impacto del calentamiento global y plantean medidas urgentes para mitigarlo.

La causa principal de esta crisis climática es el aumento de gases causantes de efecto invernadero en la atmósfera por el excesivo uso de combustibles fósiles a causa de la actividad humana en sectores como la energía, las fábricas, el transporte, la agricultura.

Al informe del panel de expertos de Naciones Unidas sobre cambio climático o IPCC relativo a los graves daños que implicaría un calentamiento global por encima del umbral de 1,5 grados en este siglo respecto a los niveles preindustriales, se suman dos nuevos documentos científicos publicados este año que alertan de la gravedad de la crisis climática.

Uno, sobre los riesgos de los usos del suelo a causa de la agricultura, la deforestación y otras prácticas humanas con graves consecuencias sobre el clima, y otro, sobre el impacto del aumento de la temperatura en los océanos que amenaza con elevar el nivel del agua más de un metro a mediados de este siglo, con consecuencias desastrosas.

Pero mientras aumenta la presión sobre los gobiernos para que tomen definitivamente medidas contundentes contra una crisis climática que castiga más a los países más pobres y que paradójicamente son los que menos contaminan, los gases de efecto invernadero no paran de crecer.

De hecho, está previsto que las emisiones de dióxido de carbono alcancen este año un nuevo récord hasta incrementarse un 0,6% respecto al año anterior, según la prestigiosa organización científica internacional Global Carbon Project.

Asimismo, este año cerrará una década con niveles máximos de temperaturas y 2019 será, al menos, el segundo o tercero más caluroso desde que hay registros, de acuerdo a las previsiones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El calentamiento global está ya agravando su impacto con fenómenos meteorológicos extremos materializados en huracanes, tornados, lluvias torrenciales acompañadas de sequías y aumentos del nivel del mar que podrían desplazar a millones de personas y convertirlas en "migrantes climáticos" en busca de nuevas zonas habitables lejos de sus hogares.

Con el reto de animar a una mayor acción de los gobiernos frente a la crisis climática, el secretario general de la ONU, António Guterres, convocó en septiembre una cumbre especial en Nueva York, en donde más de medio centenar de países se comprometieron a alcanzar la neutralidad de emisiones a mediados de siglo.

En el marco de esa conferencia, el conmovedor discurso contra los contaminadores por parte de la activista Greta Thunberg no dejó a nadie indiferente, ni tampoco sus duras críticas contra la inacción de los políticos frente a la crisis climática, a quienes acusó de haberle robado su infancia al poner en peligro el planeta con el exceso de emisiones en la atmósfera.


Y su indignación prendió mecha entre el resto de jóvenes del mundo, cuyo clamor en defensa del clima retumbó más fuerte que nunca en la cumbre del clima recién celebrada en Madrid bajo presidencia chilena, después de que Chile renunciara a última hora a organizarla a causa de los fuertes disturbios sociales en el país andino.

Los casi 200 países reunidos durante las dos primeras semanas de diciembre en Madrid en una cumbre mundial organizada en un tiempo récord, lograron un acuerdo para aumentar la ambición climática en línea con las evidencias de las que alerta la ciencia y con un mayor compromiso con las demandas sociales.

Para muchos, sin embargo, estos avances son insuficientes porque han quedado en el tintero aspectos relevantes que habrán de resolverse en la próxima COP en Glasgow (Reino Unido), como la compleja regulación de los mercados de carbono para reducir las emisiones contaminantes en línea con el Acuerdo de París, que entrará en vigor ya en 2020.

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