29 de septiembre de 2018 00:00

18 años de mingas para llevar el agua del Chiles a Puntal

El agua de los páramos del cerro Chiles, donde hay sistemas lacustres, fue llevada por un canal de 117 kilómetros. Foto: Archivo/ EL COMERCIO.

El agua de los páramos del cerro Chiles, donde hay sistemas lacustres, fue llevada por un canal de 117 kilómetros. Foto: Archivo/ EL COMERCIO.

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Amílcar Tapia Tamayo* (O)

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La historia de los pueblos se escribe con las acciones de sus gentes. En muchas ocasiones, estas son producto de la unidad, del interés común por buscar un mejor nivel de vida y por resolver aciagos problemas sociales.
Uno de estos casos lo hallamos en el antiguo Puntal, hoy Bolívar, de la provincia del Carchi, pueblo que ha enriquecido su memoria colectiva al haber sido protagonista de gestas que para nuestro tiempo resultarían inverosímiles.

En 1896, el pueblo de Puntal -que en el Gobierno floreano fue el primero en promover una revuelta nacional por la llamada ‘Ley de los Tres Pesos y Cuatro Reales’ -contaba con 2 100 habitantes (Informe del Gobernador del Carchi relativo al cobro de impuestos, julio de 1896. Archivo histórico Ministerio del Interior, p. 12).

Era, a su vez, uno de los más pobres de la provincia debido a que en períodos de sequía, los cultivos se perdían y la gente sufría hambre y necesidad.
En 1898 abandonaron la población más de 20 familias de las más notables del lugar, entre ellas los Andrade, Egas, Grijalva, Dávila, Pabón, Rodríguez, Mantilla, Escobar, Narváez, para radicarse sobre todo en Ibarra.

El párroco informa al Obispo de Ibarra que “…las calamidades de este pueblo en los últimos cuatro años han sido terribles. La gente más pobre y necesitada recurre a sus reservas de semillas para satisfacer una pobre pitanza, lo cual les priva de no tener ni siquiera qué sembrar. En todo este tiempo ha existido hambruna (…) La situación es grave, incluso llegó el año pasado (1897) una plaga de langostas que arrasó con los humildes sembradíos, consumiendo hasta las hierbas del famélico ganado. El pueblo necesita agua S.E. ¡agua! y la hay en abundancia en los cerros circunvecinos, pero la gente no tiene ni siquiera para suplirse un pobre fiambre y salir a mingas”. (Archivo parroquial de San Rafael de Bolívar, 1898)

En 1896, el pueblo consigue que José Benigno Grijalva, dueño de la hacienda del Pucará, venda el derecho de uso de líquido de una acequia que apenas proporcionaba 45 pajas de agua (medida española de un poco más de 2 centímetros cúbicos por segundo), caudal que llegaba reducido a menos de la mitad a su destino, por cuanto era utilizada por dueños de propiedades que se ubicaban en la parte superior del poblado. (Ernesto Burbano, ‘La acequia de El Artesón’, en Revista Hacia la Cumbre, 1975 p. 39)

En un momento de angustia, los moradores recibieron información de que en el cerro Chiles, localizado a 24 km de Tulcán y que sirve de límite entre Ecuador y Colombia, existían varias fuentes de agua que se desperdiciaban en las quebradas que van a dar a los páramos de El Ángel. En esta circunstancia, el padre Octaviano Narváez, cura de Puntal, “sacando plata de los cepos” organiza una expedición a la zona acompañado de varios habitantes y autoridades.

El sitio previsto distaba del pueblo cerca de 80 kilómetros. Una semana les tomó hacer el recorrido “por lugares increíbles en lo inhóspito de la cercanía al Chiles, el frío del páramo y el desconocimiento de la zona (…) Ya en el sitio El Artesón, llamado así por la gente del lugar en vista de que parecía una artesa, fuimos tomados prisioneros por agentes colombianos que nos consideraban espías, ya que no se habían fijado los límites entre Ecuador y Colombia. Nos llevaron detenidos al pueblo de Chiles en donde pasamos presos por espacio de una semana. Como yo no vestía ropas clericales, inútiles fueron mis reclamos. Cuando pedí ayuda al cura del pueblo, me negó aduciendo que mentía sobre mi sacerdocio. Debió intervenir el gobernador de Tulcán y nuestras propias gentes de Puntal que nos visitaban llevándonos comidita y ropa, luego de lo cual nos soltaron…” (Archivo parroquial de Bolívar.

‘Informes al Obispo de Ibarra’, marzo de 1899)
Informado el Gobernador del Carchi sobre la imperiosa necesidad de contar con agua para regadío, señaló: “De aquí a Puntal... llevar agua. ¡Ustedes están locos! Se requerirá una acequia de por lo menos 150 kilómetros por lo cenagoso del páramo, la vuelta por el pueblo de El Ángel y mil diabluras más. ¡No estoy de acuerdo!”. (Ibid, archivo parroquial)

Pero la necesidad hace grandes a los humanos y la empresa se inició en 1900. Según datos que constan en el Archivo Histórico del Ministerio del Interior, por pedido de la primera autoridad provincial, de Quito se despacharon un “topógrafo y una cuadrilla de trabajadores para levantar los informes para construir un canal de agua hasta el pueblo de Puntal...”.

Los resultados llegaron al despacho del Ministro en 1904, mientras gobernaba Leonidas Plaza Gutiérrez. En 1905 se organizó un comité llamado La Proveedora, cuyos miembros hicieron la denuncia formal de las aguas de El Artesón y Santa Rosa, que fueron concedidas por el Estado.
Con el título de propiedad, el párroco Carlos Troya y un grupo de ciudadanos realizan una nueva inspección basada en los estudios de la comisión ministerial de 1900 y envían una propuesta al Gobierno para conseguir ayuda financiera a fin de ejecutar la obra.

Luego de superar varios obstáculos con algunos dueños de propiedades por donde debía pasar el canal, litigio que duró varios años, el 9 de septiembre de 1929 se realizó la primera y más famosa minga en el sitio denominado El Violín, cercano a la actual ciudad de El Ángel, con la presencia de 2 000 gentes, “hombres, mujeres, guaguas y viejos, todo mundo participó en la minga que duró una semana (…), era de ver el afán de todos por tener agüita para sus tierras. Este pueblo demostró lo que significa la unidad para buscar el progreso de su tierra (…) se pudo lograr construir en tan poco tiempo casi 10 kilómetros de una acequia grande y segura…”. (Archivo parroquial de Bolívar, párroco Carlos Troya, 1930)

Durante 18 años se sucedieron las mingas una tras otra, tarea a la que se unieron los pobladores de El Ángel, La Paz, Los Andes, entre otros.

La obra tuvo muchos retrasos por la irresponsabilidad de los ingenieros encargados de la nivelación. Ellos consideraban que debía llevarse la acequia por tal o cual lugar, pero el trazado a la postre resultaba infructuoso por lo cenagoso del terreno, perdiéndose el trabajo comunitario. Sin embargo, los pobladores jamás perdieron la esperanza de terminar la construcción y continuaban asistiendo a las mingas de manera fervorosa. Es digna de resaltar la minga en el sitio Pimanes y El Óvalo, llevada a cabo en agosto de 1935, a la cual asistieron cerca de 4 000 personas que provenían de Bolívar (se cambió de nombre en 1907) y de parroquias cercanas. A ninguna convocatoria llegaron menos de 500 personas.

El canal se concluyó en 1941, luego de casi cuarenta años de lucha para construirlo. Tiene una longitud de 117 kilómetros, la actual distancia entre Quito e Ibarra.

 * Docente e investigador. Autor de varios libros sobre historia nacional.

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