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rock

Metallica para ‘dummies’

De repente, con el anuncio de su llegada, Quito se volvió curioso por Metallica. Pese a que los conocedores de la discografía del grupo desde 'Kill 'em All' (1983) hasta 'Death Magnetic' (2008) se quejen, en el concierto del 18 de marzo abundarán los que no pasan más allá de gustar de los sencillos que sonaron en los 90; por ejemplo Enter Sandman, Until It Sleeps o Fuel.

Los roqueros llevan su pasión tatuada en la piel

El sol inclemente hizo que muchos roqueros se desprendieran de sus chompas, la mayoría de cuero. El furor y la algarabía era el factor común entre los cientos de personas que participaron del Festival de la Concha Acústica, el pasado martes, en el sur de Quito.

Barbas en remojo

Lo de ZZ Top es el blues-rock (en su buena época, jalando más hacia el blues) sin rodeos ni sofismas de ninguna naturaleza, la verdadera música sureña incorruptible, ese tipo de sonido a un tiempo pantanoso, grasiento y denso que no llega a ser complejo. Es también banda sonora de carretera, música para estar a cargo del volante en una autopista de largas rectas. También es una invitación para acoderarse en la barra de alguna cantina y hacerse daño, para reunir a los amigos en una tarde soleada. El de ZZ Top es igualmente un modo pantanoso, poderoso y macizo, propio de un trío que se conoce las cosquillas desde hace décadas. La pena es, en cambio, la imposibilidad de la banda de reciclarse, de progresar sin caer en lo huachafo, sin dejarse tentar por las modas y por las malas ideas del mercado. Es de la misma manera lamentable que no hayan logrado sofisticarse a diferencia, por ejemplo, de los Allman Brothers. Así, estos tejanos, me parece, tienen luces y sombras, pros y contras.

Hagamos un trío

En el caso de la banda canadiense Rush -hace poco aceptada al Salón de la Fama del Rock- se funden dos características que la hacen uno de los más grandes grupos de todos los tiempos: por un lado su autoridad como trío y en la otra vertiente haber llevado su música a las límites mismos del virtuosismo y de la complejidad. Es que en Rush se dan la mano la solidez y el funcionamiento de reloj suizo que solo pueden alcanzar los músicos bien cohesionados y los proyectos con ambición de trascendencia. En términos de vinos y manjares, Rush es el maridaje perfecto entre el rock de altos voltios, la maestría (individual y en conjunto) de sus tres miembros y el apetito (por suerte realizado) de crear un sonido único, a medio camino entre la dureza, la pesadez y lo sinfónico, una amalgama entre lo compacto y lo progresivo. En pocas palabras, un sonido que no deja zonas grises, en el que todas las tuercas y los tornillos están perfectamente ajustados, en el que no hay espacio para fisuras de natu

El rock te paga con rock, ‘world tour’ con el Pika

Tiene la pinta de un skater cool que acaba de salir de la pubertad. Es la facha completa y no solo una cara-de-niño, con ese cutis blanco/rosadito casi fragante que me da un poco de envidia. Juan Fernando Andrade (Portoviejo, 1981) también tiene uno de los males cliché del escritor: insomnio. Condición ocasionada, en su caso, por el mal cliché del músico: tinnitus (un pitido que no lo deja dormir). Juan Fernando es cronista, ha escrito una novela, también el guión de una película, y ha grabado tres discos.

Gruen, el testimonio gráfico del rock

No está claro si la estrella es el fotógrafo o sus modelos, todos mitos de la cultura popular de los últimos cincuenta años. Es Bob Gruen (Nueva York, 1945).

Poesía que se expresa desde el rock

La reciente concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras al cantautor y poeta canadiense Leonard Cohen permite pensar en esa literatura que nació de entre las melodías, las transgresiones y la contracultura del rock.

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