Tema

Gobierno del Ecuador

Exigimos una rectificación

La noticia nos llega incompleta y nos parece improbable. Nos indigna. Quisiéramos que al día siguiente una declaración oficial la desmienta. Pero no: es auténtica. El Ecuador, en las Naciones Unidas, junto con Irán, Rusia, China, Cuba, Bielorrusia y Venezuela, defendió a Corea del Norte en el fundamental tema de los derechos humanos. De alguna manera, bastaría observar a nuestro país en tan desaconsejada compañía, para preguntarnos si el Gobierno está interpretando fielmente el espíritu del pueblo ecuatoriano o limitándose a defender sus prejuicios ideológicos trasnochados. Buenas razones habría para que se nos aplique el tradicional “dime con quién andas y te diré quién eres”. El pueblo sudafricano, al conocer que su Gobierno ha procedido de manera similar, ha visto en ello una traición a Mandela.

Lotería tributaria

El Gobierno impulsó en la consulta popular una pregunta tendiente a prohibir los juegos de azar. Como consecuencia de ello, se cerraron los casinos, y se dejó en la desocupación a cientos de trabajadores. Así, a los mayores de edad residentes en este país, no se les permite tener una distracción, como es jugar con la suerte, ni con cartas, en que el conocimiento y memoria para retener los números y palos de las barajas sobre la mesa es fundamental. Sin embargo, ahora la Autoridad Impositiva promueve un juego de azar como es la llamada Lotería Tributaria, cuyo propósito es “fomentar la cultura tributaria en el Ecuador, incentivando a los ciudadanos a que exijan sus comprobantes de venta en las transacciones comerciales en las que intervengan”.

¿Oposición?

Algunos estamos conscientes y lo admitimos. Otros, lo viven, pero aún no quieren admitirlo. Otros piensan que es una vil mentira creada por la prensa ‘corrupta’ y todo lo que pueda tener con la derecha, con la cual tampoco estoy de acuerdo. Es como una pared transparente que se ha levantado alrededor de cada uno de nosotros. Un aislante que nos divide del resto, porque el “todos y todas” ya no existe. Es una gran falacia. A diario y, no se diga los sábados, nos encajonan con calificativos que, por supuesto, deben ser, de alguna manera, denigrantes, groseros, que nos haga sentir pequeños. Dirán que sólo las malvadas minorías que no piensan como la mayoría, no pueden ser considerados dentro del universo de hombres y mujeres ecuatorianos, negación de la misma frase que hizo famosa a la revolución. Obvio, que los diferentes, ni nos lo tomamos en serio, resbala cual gota de agua sin causar ningún daño. Es el secretismo con el que sentimos que tenemos que hablar y actuar. Hemos perdido el de

Propaganda falsa

Carlos Sagnay de la Bastida La propaganda en televisión del Ministerio de Finanzas indica que la deuda se la destina a la inversión en carreteras, etc.

Estado Ideal

Miguel Mena Ayala En un Estado ideal, téngase en cuenta que un Estado ideal no existe en la realidad solo lo exponemos para orientar la dirección a la que una sociedad desarrollada debe aspirar, en un Estado ideal, cada uno de sus miembros, cada uno de sus ciudadanos son importantes, privilegiados y monitoreados para verificar su desarrollo, los seres humanos no son un número más, un voto más, sino un carbón que debe ser pulido hasta convertirse en diamante, una materia prima que debe ser procesada hasta convertirse en producto terminado, que esté en la capacidad de crear y mejorar los productos existentes en beneficio común, estos productos no solo son materiales, son intangibles, se encuentran dentro del espíritu del hombre, que se forma con la educación, la experiencia y el conocimiento.

Carreteras por libertades

A propósito de mi artículo “¿Dónde hay fascismo?”, un lector me escribe que es el odio al presidente Correa, lo que me impulsa a desconocer sus obras. Respondí a tan simplista visión señalando que mis críticas no tienen carácter visceral ni se dirigen a la obra realizada en vialidad, educación y salud, gracias tanto al dinamismo presidencial como a la abundancia de recursos con que ha contado.

Impuesto a la salchipapa

He estado de acuerdo con algunos de los grandes objetivos sociales de este Gobierno (cambio educativo, universalización y calidad de la educación, reducción de la pobreza, etc.) pero a menudo he tenido serias discrepancias con sus métodos para conseguirlos. En otras palabras, simpatías con algunos “qué”, pero dudas y cuestionamientos con los “cómo”.

La oposición y el bien común

Si de un grave mal padece la oposición a Correa es del poco -o ningún- entendimiento de lo que significa el bien común. Sensible característica que arremolina su desunión y una escandalosa ausencia de objetivos claros y compartidos. Solo basta mirar cuán atomizados están.

Educación pública de calidad

En un artículo que publiqué hace 5 años (ver hemeroteca de EL COMERCIO), opinaba que “Correa habría llegado a una de sus metas de proporcionarle al país una educación pública de calidad”. Parece que se aproxima. Según se sabe son miles los estudiantes de Quito que dejaron los centros privados para pasarse a los públicos, por la simple razón de que los padres querían una mejor educación para sus hijos. Contemporáneamente, numerosos colegios privados han cerrado sus puertas. ¿Dejaron de ser un buen negocio? ¿Ya no pueden competir con los públicos? Es sabido, en esta columna también me he pronunciado que el camino para llegar a la redistribución de la riqueza pasa por invertir en educación pública de calidad, gratuita, rigurosa, exigente, como para que sus egresados puedan competir en la lucha por la vida con probabilidades de éxito. Es lo que sucede en la actualidad a partir de cuando las universidades fueron evaluadas y calificadas y casi la tercera parte de ellas, obligadas a cerrar su