Tema

diego pérez ordóñez

Plácidamente

Normalmente las revoluciones trastocan el orden establecido, dan vuelta a las cosas, lo estremecen todo y, de paso, crean nuevas condiciones, aportan otras perspectivas y ayudan a ver el porvenir con novedosas ópticas. Normalmente las revoluciones arrasan con lo establecido, dejan atrás -bien atrás- al viejo sistema y a las antiguas instituciones y por lo menos dibujan los planos de las arquitecturas del futuro, implican progresos sustanciales y mejoran las condiciones políticas. Así, los ingleses crearon el Estado moderno en su particular revolución de 1688-89, reforzaron los cimientos de su luego célebre imperio, sentaron las bases de la independencia judicial y del control legislativo del poder. Los franceses, a grandes rasgos un siglo después, pusieron en práctica la vieja idea de la adecuada y equilibrada división del poder y el básico concepto de la República contemporánea: todos somos libres, todos somos iguales, todos deberíamos ser solidarios y el poder debe estar sometido a l

Mayall blue

En John Mayall (cerca de Manchester, 1933) convergen las cenagosas y ardorosas aguas del Mississippi en coalición con las corrientes del más frío y flemático Támesis (en sus trescientos y pico de kilómetros, Gloucestershire, Eton y Oxford en el camino). Confluyen también los sonidos negros de Beale Street en Memphis, de Maxwell Street en Chicago, con las multitudes y los bullicios de Piccadilly Circus a las seis de la tarde y con los estrepitosos pasos de los transeúntes de Oxford Street, en una ciudad que hace medio siglo se creía el centro del universo y la columna vertebral de un imperio que se desmoronaba. Es que John Mayall recibió al viejo blues del delta en pleno Londres de los años sesenta y le dio carta de naturalización inglesa. Y el mismo Mayall, tras ese inesperado acogimiento, se convirtió en el núcleo de buena parte de la escena musical británica en su época de oro: de su patrocinio y ojo de cazatalentos se fraguaron la primera y mejor versión de Fleetwood Mac, los Rollin

Absoluto

En estos tiempos [de furia] todo tiene que ser absoluto, radical, total. Es que, claro, no debe quedar títere con cabeza. La gracia de todo esto es que no puede haber espacio para las zonas grises: o estás conmigo, con mis causas y temas, o estás del otro lado del río y eres mi adversario sin ambages y tarde o temprano caerás en desgracia o, qué mejor, en los reinos del ostracismo. De ser este el caso me reservo el derecho a demolerte, a triturarte, de echarte encima toda la maquinaria de la patria.

Morrison motel

El punto de este domingo es que Van Morrison (Belfast, 1945) a veces puede coquetear con la bipolaridad: su carrera se ha caracterizado por los momentos más sublimes -generalmente a finales de los sesenta y a principios de los setenta- por los soplos irregulares y por los desvaríos religiosos que incluso pueden llegar a contactos con la cientología. Pero al final del día lo que importa es la calificación, casi siempre unánime, de este irlandés como uno de los grandes trovadores del rock y como uno de los animales sagrados de la cultura.

Artículo mágico

¿Y si por arte de magia y luego de tanto tiempo (los siglos de los siglos) Ecuador por fin se cimentara como una República? ¿Y si, por encanto, se convirtieran todos los poderosos en demócratas de verdad? ¿Y si, por algún hechizo, cobrara vigencia práctica la posibilidad de que los ciudadanos pensemos y nos expresemos sin temor a las represalias del poder? ¿Qué tendría de malo instituir el principio de que la vida en común se basa en cuestiones elementales como la tolerancia, el respeto al derecho ajeno o la consideración hacia opiniones divergentes? ¿Qué tendría de riesgoso concebir que las unanimidades, las opiniones oficiales, las posturas estatales y el pensamiento oficial son (por definición) controvertibles? ¿Cuándo vamos a dejar de repetir, como ingenuos niños que se preparan a pie juntillas para la primera comunión, el catecismo nacional, sin reflexión, sin sentido crítico? ¿Y si, por algún artificio, un día de estos el poder se diera cuenta de que su objetivo debería ser servi

Patria

Todavía no me acostumbro a la palabra patria y, lo tengo que aceptar, no entiendo claramente su concepto. ¿Es la patria el país de uno o el lugar de nacimiento de los padres? ¿Es la patria el Estado o el Gobierno? ¿Puede ser la patria prerrogativa de quienes ejerzan el poder? ¿Equivale la patria a mirarse al ombligo? Me asusta el concepto de patria como divisor de aguas, como una especie de alambre de púas o de muralla de demarcación entre facciones. ¿Son patriotas únicamente los que se adhieren por conveniencia al sistema y al momento político adecuado? ¿Son patriotas exclusivamente los que repiten de forma incansable el catecismo político oficial y no cuestionan nada de lo evidente? Y, por elemental lógica contraria, ¿son antipatriotas (o antipatrias, o como usted quiera llamarlos) los que reniegan del período político, los que se atreven a alzar la cabeza y aquellos que tienen una opinión independiente? Así, pues, la patria como medida de lealtad. La patria como termómetro de apego

Reformar lo reformado

En condiciones y circunstancias normales las constituciones sirven para limitar y controlar el poder, no para encumbrarlo o legitimarlo. Esto requiere de una explicación adicional: en las constituciones se incluye la lista ejemplificativa (como una especie de vitrina o muestra) de los derechos que el Estado se compromete a proteger y la estructura estatal más básica, que también apunta a que nadie tenga más poder que el debido, a que el poder esté adecuadamente controlado y a que el poder sea restringido y temporal. Entonces, si el poder es la marea la Constitución es su dique. Todo poder es transitorio y moderado.

The Clash calling

La distinción de The Clash reside en la autoridad de su inicial ira y en su buena perspectiva para pasar del punk más despiadado al rock más exquisito en el punto más alto de su carrera, es decir al terminar la década de los setentas. Si bien la banda encarnó inicialmente al punk británico por excelencia -esa música relativamente simple, con visos de amateurismo, con guitarras estruendosas, con líneas de bajo irascibles y con letras de combate a puño pelado; peinados raros, tatuajes y cuero negro de por medio- su evolución los llevó a grabar uno de los álbumes más simbólicos de todos los tiempos: 'London Calling'. En medio de los dos eventos (la rabia y este disco tan ecléctico) The Clash consolidó la tradición del punk rock de barricada y se apuntaló claramente como su buque insignia.

Sostiene Benito

Como ejercicio intelectual para este domingo, quisiera llamar su atención respecto de que en la academia sigue debatiéndose si ha existido solamente un fascismo (el implantado por Benito Mussolini en Italia en el siglo pasado) o si es correcto hablar de fascismos, así en plural. Por ejemplo, todavía no hay consenso respecto de si se puede encasillar en esta clasificación al nacionalsocialismo alemán o si merece la categorización de fascista cualquier Régimen autoritario de derechas. Como ven, el estado de la cuestión no es pacífico.

The Who a la inglesa

En The Who -para los bárbaros, una de las más emblemáticas bandas inglesas de todos los tiempos- convergen varios de los elementos fundamentales del rock: el poderío, la rebeldía juvenil original, la titánica presencia escénica, la muerte y un ingrediente precursor, como la invención de los álbumes-ópera.

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