Tema

diego pérez ordóñez

Lo que perdemos

Al final del día, luego de tanta fricción y de tanta confrontación, de la tediosa repetición de lo mismo y lo mismo, de la crispación sin visos de cesar, lo que perdemos es mucho más de lo que ganamos. Sí, claro, podemos hablar todo el día respecto de las carreteras: de sus preciosos y funcionales peraltes, de lo bien señalizadas que están, de lo incomparables que son respecto de las de nuestros países vecinos y de lo que ustedes quieran. También podemos frotarnos las manos y hacer planes sobre la entrada en funcionamiento de nuevos proyectos eléctricos, de la funcionalidad de las oficinas públicas, de la digitalización de los procesos burocráticos, y así por el estilo. Del mismo modo podemos especular respecto del crecimiento de la economía (¿o se trata solamente de la expansión del comercio y de las compras?) y de las perspectivas de que, por lo menos a mediano plazo, el petróleo no baje de precio.

En plan Schmitt

Aunque al final del día los servicios secretos y las altas cúpulas alemanas lo consideraran algo menos que un trepador y una especie de intruso, Carl Schmitt terminó por imponerse como la mente jurídica del nacionalsocialismo. Como suele suceder con los regímenes autoritarios, las ideas de Schmitt fueron recicladas, empacadas al vacío y amalgamadas con la propaganda del Régimen. Este señor, de todos modos, pasó a la historia como el cerebro de las teorías legales del Tercer Reich y por sus polémicas con Hans Kelsen (el sí un demócrata) respecto, sobre todo, de cuestiones constitucionales.

Desconfía de Pappo

En Pappo (Norberto Napolitano. Buenos Aires, 1950-2005) se mezclan y hasta cierto punto se aúnan todos los ingredientes clásicos del mejor rock: la idolatría, el virtuosismo musical y en particular las tribulaciones y repercusiones de la muerte. Es que -acuérdense- en el rock la muerte estampa un sentido distinto, cobra una importancia diferente que en otras formas de arte. Ahí está, por ejemplo, Kurt Cobain y su legado de resistencia juvenil: la música áspera y a ratos arisca de Nirvana. O el caso de John Lennon, abatido a tiros, con las especulaciones de qué habría pasado si Yoko Ono no hacía tal cosa o la otra. Jim Morrison - de quien su colega Ray Manzarek recordaba que siempre tenía un disco entero en el cabeza - echado sin vida en una tina parisiense. Claro, Jimi Hendrix, posiblemente el capo de los capos en lo referente a guitarras eléctricas, sonidos extraños, destrezas con las seis cuerdas, muerto muy joven en Londres (con Hendrix se especula qué tanto talento habría sido capa

Ser orgánico

Hoy he amanecido preguntándome cómo se sentirá ser orgánico, es decir estar en una posición de -por las razones que ustedes me digan- verse obligado a inclinar el lomo frente al poder, de agachar la cabeza al menor signo de discrepancia, de poner la otra mejilla, de tragarse el orgullo y decir sí señor, sí señor, sí señor, como usted diga.

Columna del día después

En realidad el debate respecto del aborto no pasa -ni termina, por supuesto- solamente por su penalización. Hay varias razones por las que, creo, el Estado no debe criminalizar al aborto sino regularlo como un derecho: 1.- Porque el Estado es laico: Esto significa que ni las políticas públicas, ni las leyes ni la Constitución pueden ser elaboradas o discutidas sobre la base de los prejuicios, de los dogmas o de las creencias religiosas. No importa de qué religión hablemos: la regulación del aborto es un tema terreno, cuya discusión debe ser guiada por la razón y no por la fe, por las ideas y no por los credos. Además el Estado laico implica "…la autonomía de las instituciones públicas y de la sociedad civil respecto del magisterio eclesiástico y de las injerencias de las organizaciones confesionales, el régimen de separación jurídica del Estado e iglesia y la garantía de libertad de los ciudadanos en la confrontación con ambos poderes." (Valerio Zanone) Si se criminaliza el aborto por

Herr Zweig

El de Stefan Zweig (1881-1942) fue el oscurecer de un pensador incuestionablemente cosmopolita, verdaderamente humanista, atormentado por el exilio y por la posibilidad -a la época de su muerte, cierta- de que los nazis no solo acabaran con lo que él creía que era la tradición artística europea, sino que se hicieran con el control del mundo. Lo de Zweig también fue la alergia a la irracionalidad del nacionalismo, al delirio de todo lo autoritario, la reacción de una mente cultivada y aguda ante la marea alta de la barbarie. En pocas palabras (y en palabras nabokovianas) la melancolía del hombre ilustrado.

La constitución fantasma

Como ustedes saben, en Ecuador se aprueba y se pone en vigencia una constitución cada -grosso modo- diez años. Cuando dejamos de lado la dictadura militar de los años setenta (nacionalista y revolucionaria como todo régimen autoritario que se precie) soñamos con refundar la República y aprobamos una nueva carta política afín a los nuevos tiempos y a los nuevos vientos: volvieron los partidos políticos, volvió un presidente civil, volvió el Congreso y, según creíamos, volvió el espíritu democrático. Los tiempos fueron caldeándose, los vientos fueron huracanándose, los partidos políticos fueron desconectándose y privatizándose, los presidentes fueron muriéndose, tambaleándose, cayéndose…Fue necesario, claro, crear una nueva constitución que arregle todo, que nos obligue a volver a nuestras esquinas para replantear todo lo demás, que nos lleve de vuelta al laboratorio para recalcular qué había salido mal. Era 1998 y pensamos -en estos lares casi siempre que pensamos nos equivocamos y lueg

Rulfo, terroir

Lo de Rulfo es sin lugar a dudas la cartografía, la paciente y detallosa creación de un territorio propio, delimitado por su misma mano artística y gobernado por su reputada prosa, simple al tiempo que exquisita. Se trata, claro, de la república (la llamo así solo a efectos de esta columna) de Comala, habitada mayoritariamente por almas en pena, por fantasmas y apariciones, por la obsesión de este señor mexicano por uno de los emblemas de México: la muerte. En esto de crear territorios, de darles vida literaria, de dotarlos de una geografía propia, Juan Rulfo resulta primo hermano de William Faulkner -arquitecto de Yoknapatawpha- el mítico condado sureño y algodonero (que, por otro lado, tanto ha influido en tantos escritores latinoamericanos). Y resulta, en más de un sentido, tocayo de Juan Benet, el diseñador y creador de Región, escritor de culto, posiblemente el más grande y ampuloso prosista en español de los últimos cincuenta años. Y, sí, de Juan Carlos Onetti, poblador de Santa

El ascenso

Esta mañana quería contarles que acabo de terminar de leer 'Mussolini y el Ascenso del Fascismo' (Barcelona, Crítica, 2008) de Donald Sassoon, nacido en El Cairo, profesor de historia europea comparativa de la Universidad de Londres-Queen Mary y también autor de 'Cien Años de Socialismo' y 'Cultura, el Patrimonio Común de los Europeos'. Sassoon ha colaborado con los periódicos The Guardian, The Independent y también con el Financial Times.

Voltaire comeback

Cómo se extraña al viejo zorro del Voltaire (François-Marie Arouet, 1694-1778) en estos tiempos de intolerancia extrema, de hostilidad al razonamiento y de adicción a la propaganda. Cómo se debe estar meneando en su tumba (en pleno Panteón, claro) en estas épocas de fraccionamiento entre buenos y malos, de enemigos a aplastar y de amigotes incondicionales -que alzan la mano con una mezcla de ingenuidad y temor a la reprimenda palatina, que miran para el otro lado frente a la intransigencia- en esta era de estudiada crispación refrendada de vez en cuando por el voto popular. Cómo se añora al Voltaire de la pluma fina, al comentarista agudo, al defensor de causas justas, al penetrante autor del 'Tratado sobre la tolerancia' -en el fondo, al primer intelectual mediático, a una de las primeras celebridades literarias contemporáneas- entusiasta abogado de la libertad de pensar (irónicamente uno de los valores más atacados y tambaleantes en estos días). ¿No creen que "hoy por hoy" un espírit

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