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diego pérez ordóñez

Primero fue Alejo

Antes de la cúspide y de la celebridad del realismo mágico (como casi sinónimo de lo latinoamericano), antes de los fuegos artificiales y de los tórridos aires caribeños, antes de la actividad política sin espacio para la crítica y porque sí (del llamado compromiso político), siempre estuvo ahí Alejo Carpentier (1904-1980), el virtuoso original del estilo barroco, siempre a caballo entre La Habana, Puerto Príncipe, París, México y Caracas, algo francés, algo ruso y siempre cubano. El de la prosa compleja y a momentos laberíntica (llena de ecos, voces y reflejos) el de la arquitectura perfecta, el de las formas melódicas, el de lo real maravilloso. El del vudú, el de los esclavos que se coronan emperadores, el de reinos negros, el que pesaba y tasaba cada palabra para evaluar su repiqueteo y su consonancia, el de las frases prolongadas y complejas que se desenrollan como serpentinas.

Práctico y camaleónico

Nos encontramos -y me avisan si a alguien le queda alguna duda- frente a un régimen práctico hasta la médula y camaleónico por vocación y conveniencia. Se trata, claro, de un régimen que no tiene ningún empacho (sin siquiera sonrojarse, sin necesidad de que se la mueva ni un músculo de la cara) en transitar en pocos días por todo el espectro posible de la política, con la habilidad de un versado equilibrista y, hay que reconocerlo, con cierta gracia y desenvoltura.

Discurso venezolano

No cabe duda de que lo que ocurre en Venezuela es un golpe de Estado. Y no solamente eso, sino un golpe de Estado orquestado y planificado desde el exterior, por oscuros intereses económicos, por potencias hegemónicas que buscan desestabilizar la región por medio de consignas de ciertos grupos, así como por infiltrados y provocaciones. Advierto de forma expresa y enérgica - y no me va a temblar la mano- que no vamos a tolerar ninguna manifestación no permitida por las autoridades (es decir, por mí mismo), que no nos vamos a responsabilizar por la suerte de aquellos ciudadanos que, víctimas de balas perdidas o de accidentes domésticos, pudieran fallecer (es peligroso e inconveniente salir a manifestar). Tampoco vamos a dejarnos engañar o manipular por novedosas y extrañas teorías sobre los derechos humanos y cosas de esa naturaleza. Es claro que los organismos internacionales de los llamados derechos humanos responden a expresas instrucciones políticas del exterior, que son financiados

Octavio Paz, el juicio y la prosa

Octavio Paz (1914-1998) constituye, en sí mismo y por varias razones muy largas para exponer en una columna, una irresistible invitación a no dejar los placeres de la lectura, a hurgar en las provocaciones de la reflexión, a escrutar, tras cada frase, en cada palabra, los antecedentes más remotos de la historia del pensamiento crítico, los orígenes del idioma, las vertientes de cada deliberación. Octavio Paz era un intelectual redondo, minucioso e independiente.

Borrar la República

Aprobar e implementar la reelección indefinida del presidente equivaldría a borrar la República, básicamente porque la reelección perpetua de un cargo público se opone a su naturaleza (a la naturaleza de la República, por supuesto). Y también, de paso, porque se contrapone a la esencia de un cargo público de elección popular, que exige posibilidades de variedad.

Nostradamus criollo

Sin ánimo de pasar por una especie de Nostradamus criollo, creo que los resultados de las elecciones del pasado domingo dejarán al Régimen frente a dos escenarios estratégicos: El primero, que el Régimen se retire a su esquina y, en otras (sus propias) palabras, radicalice la revolución. Esta posibilidad seguramente implique que los ministros de una Cartera pasen a la otra, en una especie de reciclaje o reencauche ya varias veces visto, que se siga entendiendo a la burocracia de alto nivel como una forma de recompensar lealtades, que la retórica revolucionaria cobre todavía más fuerza, que se empiece a entretener la posibilidad de una reelección presidencial indefinida (habrá que ver si por reforma en la Asamblea Nacional o por vía de un referéndum) y que se siga concibiendo a la política como si fuera un ring de box en el que sucesivos enemigos deben besar la lona. Esta posibilidad seguramente implique, en esencia, un amurallamiento del Régimen y la adopción de un modelo que busque ag

Aires de Montaigne

Ojalá soplaran unos vientos y aires cortesía de Michel de Montaigne (1533-1592), especialmente en tiempos de intransigencia aprobada y refrendada popularmente, especialmente en épocas de mirar para otro el lado, de hablar bajito en caso de que nos estén escuchando, de cambiar de tema cuando surja algún asunto espinoso. Parece que se necesita de Montaigne en tiempos de notorio retroceso de la tolerancia, en estos largos y grises ciclos de aborregamiento general, de reaparición de intelectuales orgánicos que lo justifican todo a toda costa, que inventan argumentos gimnásticos para refutar lo que hasta hace poco sostenían con vigor, que estructuran explicaciones inauditas para lo inexplicable. Ojalá se mecieran un poquito las cenizas del Montaigne agente de la moderación, de la racionalidad, de la convivencia en condiciones de ciertos grados de sensatez política.

Colonizar tu mente

Vamos a colonizar tu mente, vamos a llenarla de información unilateral, indiscutible y verdadera. Vamos a empacarla al vacío, muy bien sellada. Vamos a poner la pica en Flandes. Vamos a tomarnos la molestia de repoblarla [tu imaginación] con nuestra propaganda, de modo que cuando prendas tu televisor nos mires solamente a nosotros y no puedas ver nada más. Vamos a 'resetear' tu cerebro, para que cuando enciendas la radio solamente escuches nuestras cuñas, nuestros comerciales, nuestro impuesto punto de vista, nuestra extraña interpretación de la realidad. También vamos a restablecer tu percepción de las cosas, de forma que cada vez que abras un periódico leas cómo vamos a rescribir la historia, cómo vamos a reinventar los hechos, cómo vamos a refundar todo lo que los otros -malos, mentirosos, ineficientes y mediocres- ya habían fundado decenas de veces desde hace décadas. Vamos a -literalmente- invadir tu mente con nuestros héroes y con nuestras fábulas, con nuestras ficciones, con nue

La supremacía Crimson

Dentro de la escena del rock progresivo -querer realzar el carácter del rock como una forma de arte, dotarlo de elementos del jazz o de la música clásica para complicarlo y sofisticarlo- King Crimson siempre destaca por sus inusuales niveles de exquisitez y esmero, por su empaque y por su complejidad (que muchas veces rastrea la oscuridad). Y aunque mencionar a King Crimson es en realidad hablar sobre distintas bandas, formaciones y reencarnaciones, invariablemente con Robert Fripp como centro de gravedad, Crimson siempre evitó con sabiduría la ampulosidad de Emerson Lake and Palmer o la pompa y ceremonia de Yes, en favor de un modelo más apesadumbrado, más neurótico y, al final del día, único e inconfundible. King Crimson parece, las más de las veces, no tener paragón ni haber engendrado herederos. Parece haber desembarcado de un mundo desconocido e insólito, siempre de la mano de un Fripp animado a experimentar y a explorar.

La infalibilidad del poder

La sociedad -en especial la élite- es sin duda cómplice del triunfo de la teoría de la infalibilidad del poder. Esta teoría, que galopa bien engrasada y con las tuercas y tornillos debidamente ajustados, básicamente consiste en que el poder siempre ejerce la propiedad de la piedra filosofal, es inmune e indiferente al pensamiento crítico y a la disidencia. Al final del día, como en la regla de oro de las ventas y los servicios, en la política el poder siempre tiene y tendrá la razón.

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