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constitución de montecristi

Aniversario

Acaban de cumplirse 5 años de la aprobación de la Constitución de Montecristi. Cuando uno analiza con detenimiento lo que ha significado esto para el Ecuador en términos jurídicos, políticos e institucionales, uno no puede dejar de ver ciertas inconsistencias y contradicciones.

Cinco años de la Constitución

Varios ejes se articularon en la propuesta política que encabezó el economista Rafael Correa, hace ya casi siete años, entre ellos la revolución ciudadana, una nueva Constitución y un proyecto verde-ambientalista. Todo para acabar con el pasado de lo que llamaron la partidocracia.

Destruir la alternabilidad

El año 2008, el pueblo aprobó la Constitución concebida por Alianza País, que habría de regirnos por trescientos años, según se proclamó. Al consagrar un régimen presidencialista fuerte, la Constitución estableció la reelección del Jefe de Estado, por una sola vez. Sin embargo, por consideraciones personales, determinó que la elección producida después de entrar en vigencia, sería considerada como primera, para todos los efectos legales. Prolongó así el mandato de Correa, que ya llevaba dos años en el poder. Su “primera” reelección -que debe ser la única- ocurrió en febrero de este año.

La soberanía popular

El 8 de noviembre de 2012 había comentado que el pueblo ecuatoriano fue despojado de su capacidad electiva. Esta se ejercía a través de sus representantes en la Asamblea, al utilizar los votos del pluripartidismo en la elección de las máximas autoridades de vigilancia, control y seguridad jurídica. Aquel despojo constaba en el art. 207 de la Constitución de Montecristi al ordenar que esas designaciones las realizara un flamante Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, y no la máxima expresión de soberanía: el Parlamento con sus diputados, como establecen las constituciones de países democráticos. Así consta en la doctrina de la separación de poderes: el funcionamiento político se asienta en partidos que se autoafirman en la capacidad de sus diputados para ejercer el contrapeso imprescindible.