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6 442 cirugías están represadas en el HCAM desde marzo 2020

José Duque, funcionario de farmacia del HCAM, entrega medicamentos a un asegurado. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

El Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), de referencia nacional y el más importante de la red del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), enfrenta los problemas más álgidos en sus 51 años: suspensión de las cirugías programadas a los afiliados y jubilados y desabastecimiento de fármacos e insumos médicos.

Estos inconvenientes se agudizaron a partir de marzo del 2020, debido a la pandemia de covid-19. En ese mes, el sanatorio abrió sus puertas a contagiados, por lo que limitó la atención a los pacientes con otras patologías.

En el 2020, allí fueron tratadas 55 000 personas, es decir, casi la mitad de lo que se reportó el 2019. De ese total, 9 000 tuvieron problemas respiratorios leves, moderados y graves. Y de ellos, 5 000 fueron a hospitalización y a la unidad de cuidados intensivos (UCI). Antes de la emergencia sanitaria, en esas áreas hubo 2 400 personas.

Este incremento implicó la reorganización de los espacios de la casa de salud, destinando más camas para los infectados, y el uso de más medicamentos e insumos, explicó Édison Ramos, director técnico médico.

Él es parte de la nueva administración, posesionada el 8 de este mes, un día después de la movilización protagonizada por médicos que trabajan en el sanatorio, además de pacientes.

“En el área quirúrgica hay 20 camas; solo cuatro estaban habilitadas a cirugías de otro tipo, de emergencias”.

¿Qué pasó con las intervenciones programadas? Se suspendieron. Desde marzo del 2020 hasta el viernes se reportaron 6 442 represadas.

Antes de la pandemia no había lista de espera para operaciones cardíacas. Hoy suman 43. Sin embargo, la mayor cantidad se concentra en el área de traumatología.

A eso se suma la escasez de fármacos. A la fecha, el abastecimiento llega al 34%. Es una cifra crítica para el funcionamiento de un hospital de especialidades, añade Ramos.

No cuentan con: sedantes, relajantes musculares, antibióticos de amplio espectro para tratar infecciones graves (como covid-19), analgésicos, medicamentos oncohematológicos. Incluso no tienen paracetamol -producto básico para tratar dolores-.

En ‘stock’ solo hay tabletas para profilaxis y algunos analgésicos; ninguno sirve para cirugías. Por eso hay pacientes que han comprado medicinas e insumos para operaciones. “Las familias han gastado más de USD 1 000 diarios para que sus parientes se operen. Es muy grave”.

Pacientes con males moderados y graves han hecho lo mismo. Los tratamientos de William Aulestia, trasplantado, y de Marcelo Andocilla, con cáncer, cuestan miles de dólares.

William tiene 54 años y hace cuatro le hicieron un trasplante de hígado. Lo operaron sin inconvenientes, pero la entrega de inmunosupresores es un problema. Años atrás -relata- la demora era de un par de días, pero desde febrero dejó de recibir sus medicinas y tuvo que comprarlas.

La caja de 30 tabletas cuesta USD 580; toma dos diarias, por lo que compra dos remesas al mes. “No debo dejarlas. Si lo hago, mi cuerpo puede rechazar el órgano. Y moriría”.

Marcelo, jubilado de 68 años y con cáncer de mieloma, cree lo mismo. Desde enero compra sus medicinas, cada inyección tiene un valor de USD 3 600. Se aplica una cada mes. “El tratamiento durará hasta octubre; hice un préstamo para solventar esto”.

Rosa Campaña, jubilada de 68 años, cubre los gastos con su pensión. En enero sufrió una quemadura en su pie derecho. La atención fue inmediata; pero cuando fue a la farmacia, no encontró los tres medicamentos recetados para mejorar su circulación. “He gastado más de USD 100 mensuales, pero no tengo otra alternativa”, relata.

Para Daniel Rodríguez, experto en administración sanitaria, los problemas se ‘arrastran’ desde hace más de tres años y responden a una mala gestión de las autoridades. “No se han realizado compras ni se han ejecutado presupuestos de forma adecuada”.

En el 2020 se ejecutó únicamente el 17% de USD 200 millones asignados. Por eso, en este año solo les entregaron USD 150 millones. Con ese presupuesto deberán cubrir las faltantes en materia de fármacos, insumos y más.

Ramos coincide en que pudo haber responsabilidad de las administraciones pasadas. Han encontrado procesos de compra incompletos, por lo que han realizado intervenciones rápidas para revertir los problemas, que seguirán hasta finales de año. “Hacemos compras por ínfima cuantía; préstamos a sanatorios de la red pública y el IESS. Entre enero y este mes se ha batido el récord: 600 pedidos”.