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Quito preserva una herencia de 484 años

6 de diciembre del 2018

La fundación española de Quito no se realizó el 6 de diciembre ni el responsable de aquello fue Sebastián de Benalcázar. De acuerdo con el Archivo Histórico de la ciudad, el 28 de agosto de 1534 Diego de Almagro fundó la villa de Santiago de Quito, cerca de la actual Riobamba, pero luego ordenó mover la ciudad hasta “el Pueblo de Indios que se llama Quito”, donde actualmente se encuentra la ciudad. Aquel 6 de diciembre de 1534, Benalcázar ejecutó la orden de su superior, Almagro, y se empezó a trazar la ciudad sobre la actual geografía, que antes fue territorio de los pueblos quitus y zona conquistada por los incas.

Una de las huellas más claras de la influencia española es la estructura, mayoritariamente cuadriculada, del Centro Histórico. A pesar de que Quito se levanta en una geografía irregular, con montes y quebradas, los españoles trazaron cuadrículas para ocuparla poco a poco, como un damero (tablero de ajedrez).

La ciudad, fundada hace 484 años, preserva la herencia de su mestizaje. En su Centro Histórico, además de templos católicos, se instalaron las primeras universidades la época colonial en el actual Ecuador: San Fulgencio (1586-1786), San Gregorio Magno (1621-1769) y Santo Tomás (1681-1776). Durante casi un siglo, fueron el epicentro académico, donde se formó un pensamiento crítico, que fue la semilla para la gesta libertaria que tuvo a Quito, en 1809, como la pionera con su Grito de Independencia.

Desde la independencia, Quito ha sido escenario de rebeldía. Su carácter político, con la sede de la Real Audiencia primero y del poder Ejecutivo después, ha dado a Quito un carácter de urbe crítica, donde el debate forma parte de la cotidianidad. Los años 30 trajeron un crecimiento arquitectónico hacia el actual centro norte, pero fue en la década de los setenta, con el boom petrolero, cuando Quito se expandió hacia sus valles y mostró un desarrollo urbanístico, con puentes a desnivel, los túneles de la Occidental y la construcción de edificios. Actualmente, esta ciudad cosmopolita es casa de ecuatorianos (de distintas regiones) y de extranjeros, que encuentran en su paisaje y desarrollo un espacio atractivo para vivir.

Canelazo, vino hervido y mistela, bebidas para amenizar

Desde que se originaron las fiestas de Quito, en 1959, por iniciativa del periodista César Larrea y del alcalde de ese entonces, Jaime del Castillo, una bebida especial acompañaba a las celebraciones. En ese año, ‘Paico’ fue el licor que se consumía en medio de serenatas y bailes populares. Durante estos 59 años de evolución de la festividad, otras bebidas tomaron su lugar, siendo cuatro las más populares hasta la actualidad: el canelazo, el naranjillazo, la cerveza y el vino hervido. Según el chef Carlos Gallardo, de estas cuatro la más antigua resulta ser la cerveza. “El franciscano Fray Jodoco Ricke tuvo la primera planta cervecera de América. Él llegó a Quito en diciembre de 1535, un año después de la fundación de la Villa de San Francisco de Quito”.

Para Gallardo, el vino hervido, el canelazo y el naranjillazo son parte de la riqueza que llegó con el mestizaje. “El vino hervido es originario de Cataluña. Para que dure la importación de vino, una parte se la hervía, se le añadía especias como clavo de olor, pimienta dulce y al final se le ponía vino, para que no perdiera su sabor ni se evaporase el alcohol”. Para él, el canelazo tiene una raíz ‘chagra’, ya que insumos como el ishpingo y la naranjilla no eran quiteños, sino que llegaron por la ruta Puyo-Baños-Ambato. Dimitri Hidalgo, decano de la Facultad de Hospitalidad y Servicios de la Universidad UTE, añade que existen otras bebidas festivas que con el tiempo quedaron marginadas. “Las mistelas fueron unas bebidas que dejaron de ser cotidianas en las celebraciones. Otras bebidas decembrinas fueron el rompope y el licor canario”, recuerda.

Los juegos tradicionales unen a niños y adultos

El cuarenta, el trompo, las bolas, la rayuela, la carrera de sacos, el sapo, el ula-ula, los coches de madera o el futbolín tenían por particularidad la magia de ejercitarse entre risas, con amigos, hermanos, primos y vecinos.

El cuarenta es un símbolo de Quito. Se trata de un juego de cartas que se desarrolla con dos parejas rivales entre sí. El objetivo es sumar la mayor cantidad de puntos, con caídas (cuando uno tiene la misma carta lanzada a la mesa por un jugador que precede), limpias (cuando la sumatoria de cartas sobre la mesa se puede llevar con una carta que abarque a todas o sea la misma que está en juego) y cartón (cuando una pareja tiene más de 19 cartas acumuladas por cartón o caída empieza a sumar puntos). Cada caída, limpia o cartón (a partir de 19) vale dos puntos. La pareja que complete 20, gana.

Los coches de madera están estrechamente relacionados con la topografía de Quito, levantada sobre quebradas y empinadas pendientes. La tradición se inició con cartones, que eran frotados en la base con cáscaras de plátano, para que niños los utilizaran como vehículos para descender por las calles empedradas de San Juan, La Chilena, San Roque y El Tejar. Con los años, los cartones fueron reemplazados por madera y la cáscara de plátano por rulimanes. Cada año en Quito se celebran las carreras de coches de madera.

La carreras de sacos son una tradición que llegó a las fiestas de barrios en las fiestas de Quito, para incentivar a los niños a mostrar su destreza y agilidad en competencia. Se trata de un juego que requiere un material sencillo: un saco de yute. Cada niño debe coger una bolsa, meterse dentro y tomar el borde con sus manos, a la altura de la cintura. Se traza una línea de salida y una meta, para que, al dar la orden de salida, los niños salgan en las mismas condiciones y avancen con saltos, sin salir de la bolsa, hasta el final.

Tal como recoge el Ministerio de Turismo para mostrar Quito a los visitantes, los juegos tradicionales forman parte de la identidad de la ciudad.

La rayuela es un juego infantil de antaño que consiste en trazar una figura divida por cajones en el suelo. Cada jugador lanza una ficha y avanza dando saltos en un solo pie por cada cajón. Al regreso, también en un pie, debe agacharse sin perder el equilibrio, tomar la ficha con una mano y volver a donde empezó el juego.

El juego de las bolas se practica trazando en el piso un círculo, dentro del cual se colocan varias bolas. Los jugadores deben ubicarse a unos cuatro metros de distancia y arrojar su mejor canica hacia el círculo. El que más cerca quede de este, inicia la partida que consiste en “tingar” la canica con la que se compite para sacar la mayor cantidad de canicas posible del círculo.

El ula-ula consiste en colocarse en la cintura un aro de plástico y hacerlo girar con movimientos de las caderas y haciendo malabares. Gana quien más tiempo logre mantener el ula ula dando vueltas en su cintura.

El trompo es una pieza de madera en forma cónica con una punta de metal que permite hacer girar (bailar) el trompo con la ayuda de una piola. Para eso, se enrolla la piola desde la punta hacia la cabeza, y luego se lanza el trompo al suelo.

El sapo es un juego que pone a prueba la puntería y consiste en lanzar y embocar fichas en la boca de un sapo, colocado sobre una base hueca de madera. El que logra meter más fichas gana la partida

El futbolín es un juego de mesa que representa una cancha de fútbol con dos equipos cuyos integrantes están colocados sobre barras de metal y son manejados con las manos hasta anotar goles.

La retreta de la banda pone a bailar 'El Chulla Quiteño'

La música de trompetas, saxofón, redoblante, clarinete, bombo, tuba y platillos enciende los festejos de Quito. Después de la Batalla de Pichincha del 24 de mayo de 1822 la música militar se hizo presente con bandas en la ciudad, por la presencia de diversos batallones del ejército libertador, reseña González, magister en Historia Andina e investigador de la Historia Política y Social.

"Con las bandas aparece también la famosa 'retreta', la misma que consistía en una función de música al aire libre realizada por bandas militares", dice González y detalla: Según las narraciones del diplomático norteamericano, Friedrich Hassaurek, citado por Mirian Navas, "a finales del siglo XIX la banda ya era parte de nuestra cultura, animaba las corridas de toros, los bailes de máscaras que se realizaban por época de inocentes entre Navidad y Año Nuevo".

Las bandas de las parroquias también protagonistas en las fiestas de Quito. Así también, la Banda Municipal, con 85 años, un ícono en los desfiles y retretas con su tradicional tema 'El Chulla Quiteño'. Fundada el 11 de julio de 1933, la banda de la ciudad tuvo en sus inicios músicos que procedían de bandas de varios batallones que se desmembraron tras la denominada 'Guerra de los 4 días': batallón Constitución, regimiento Bolívar y la Banda de la Policía Nacional, según Archivo Metropolitano de Historia de Quito.

En sus inicios, la Banda Municipal contó con el respaldo importante de "la Banda del gremio de Albañiles de Quito, de la Banda de la población de Guápulo, del Conservatorio Nacional de Música y de algunas otras entidades que proporcionaron los instrumentos musicales", reza en el documento 'La Banda Municipal, su historia y su música', de Hugo González.