21 de November de 2010 00:00

Yasuní y buen vivir

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Juan Cuvi

Boaventura de Sousa Santos es una suerte de gurú de los ideólogos de la revolución ciudadana. Prestigioso académico portugués, está considerado como un pensador de izquierda con una sobresaliente dosis de innovación teórica. Lleva años reflexionando sobre las posibles alternativas a los fracasados modelos de desarrollo que se han aplicado en los países del Sur. Crítico agudo del monoculturalismo occidental, aboga por el reconocimiento y la incorporación de las prácticas políticas, económicas y culturales de los pueblos indígenas y afroamericanos como estrategia básica para la construcción de los Estados plurinacionales. En Montecristi dictó una conferencia sobre interculturalidad que fue una de las más concurridas de la Asamblea Constituyente.

En su último libro, ‘Refundación del Estado en América Latina’, realiza una interesante reflexión sobre las contradicciones y rupturas entre el Gobierno de AP y el movimiento indígena. Las ve como el reflejo de visiones y aspiraciones diferentes respecto de una propuesta de cambio para el Ecuador, diferencias que podrían profundizarse o superarse dependiendo de la evolución del proceso y de la madurez política de los involucrados.

En esencia son incompatibilidades entre dos concepciones de la cultura, del cosmos, del tiempo y de la vida. Según el autor, Correa cree que el desarrollo se “hace por el avance de las fuerzas productivas”, para lo cual son inevitables el extractivismo y la explotación de la riqueza natural, cuyos excedentes –según el discurso oficial– beneficiarían también a los indígenas, pero como parte de la ciudadanía en general. Los indígenas, en cambio, creen que “el buen vivir es la producción de la vida colectiva, (la cual) incluye a la madre tierra y sus ciclos vitales”; para ello, la autonomía política y las identidades culturales son requisitos insoslayables. Según un ensayo de Francisco Muñoz próximo a publicarse, se trata de la puja entre un modelo desarrollista con rezagos neoliberales y un modelo socio-ambiental en franca desventaja.

En días recientes, Amazonía por la Vida hizo circular por vía electrónica un formato de carta dirigida al Director General del IESS, para que los afiliados le solicitemos suspender la inversión de nuestros fondos en la explotación del bloque 31. En un mapa adjunto se observa que dicho bloque se encuentra en el corazón mismo del Yasuní. No se necesita ser un experto para darse cuenta de que su explotación sería tan devastadora como la del ITT.

La abundante disposición de recursos para este proyecto petrolero, frente al exangue goteo de aportes para mantener el crudo bajo tierra, presagia que la disputa se está zanjando a favor del modelo de desarrollo más convencional y retrógrado.

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