Farith Simon

Yaku, el legítimo

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Lunes 22 de febrero 2021

La discriminación se levanta sobre estereotipos. Es fácil confundir una distinción objetiva, razonable y justificada, con otra llena de prejuicios y generalizaciones. Solemos asignar a quien no conocemos o consideramos un peligro, ciertas características estereotipadas que, en general, dependen del grupo al que pertenecemos; compartir ciertas miradas o lecturas comunes es esencial para cooperar y construir identidad, pero también se usa para excluir y discriminar.

Yaku Pérez pasó rápidamente de expresarse -casi- como un demócrata, respetuoso de la diversidad, que afirmaba no ser dogmático y dispuesto a aceptar los resultados tras el recuento, a sostener un discurso de exclusión, lleno de prejuicios, claramente dogmático y sin disposición a respetar la legalidad por sentirse legitimado, por considerarse una alternativa frente a los “otros”, a quienes declaró sus enemigos. Me dirán que no usó la palabra enemigos, pero su discurso se sustenta en dos binarios: amigo/enemigo, legítimo/ilegítimo.

Debo hacer dos aclaraciones, sabiendo que el contexto de polarización lleva a lecturas equivocadas. No apoyo a Lasso o Pérez, solo tengo claro que Arauz no es mi opción; él representa a una fuerza que tiene una perspectiva del Estado, la democracia y los derechos, que no comparto. Mi opción electoral es la que logre construir un discurso de país reconociendo la pluralidad; que proponga unos consensos mínimos a partir del respeto de los derechos, la transparencia, la lucha contra la corrupción y la exclusión; y, además, que se comprometa con la construcción de una verdadera institucionalidad. Cuando Lasso y Pérez lograron un acuerdo, me entusiasmé; parecían capaces de asumir, pese a sus diferencias políticas, un compromiso en función del país.
Una segunda aclaración, el CNE se ha equivocado mucho, creo que buena parte de los problemas son debido a esa institución, pero aceptando inconsistencias y errores, no existen pruebas de un fraude; el acuerdo inicial Pérez-Lasso debía cumplirse por una decisión del CNE, quien puede realizar todas las verificaciones para asegurar la trasparencia del resultado. El recuento tenía legitimidad y legalidad; lamentablemente con el paso de los días Lasso y Pérez se alejaron, especialmente Pérez sufrió una transformación: de actuar ampliando el círculo para incluir a diferentes miradas y lecturas, lo redujo excluyendo; pasó a defender una supuesta legitimidad a despecho de cualquier legalidad, con discursos cuasi mesiánicos y de opción electoral. Es necesario que el CNE transparente el resultado, le de legitimidad desde la legalidad, no de cualquier forma. Para preocupación de muchos de los que nos entusiasmamos con el diálogo, el señor Pérez parece dejar en claro que decir que una persona solo puede hacerse rica robando, heredando o ganando la lotería (desconoce que la riqueza puede ser fruto del trabajo, la innovación, el emprendimiento), no era un exabrupto; parece que lo cree realmente y que su apertura no reflejaba lo que piensa. Espero equivocarme.