1 de November de 2010 00:00

La voz de la Iglesia

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Enrique Echeverría G.

El sumo pontífice Benedicto XVI, durante la presentación de cartas credenciales por parte del nuevo Embajador de Ecuador ante la Santa Sede manifestó, entre otros conceptos: “ 'los pastores de la Iglesia son conscientes en que no han de entrar en el debate político proponiendo soluciones concretas o imponiendo el propio comportamiento”. “Pero tampoco pueden ni deben permanecer neutrales ante los grandes problemas o aspiraciones del ser humano, ni ser indolentes a la hora de luchar por la justicia”.

Dentro de este marco general, el flamante arzobispo de Quito, monseñor Fausto Trávez –a cuya posesión no acudió el Presidente de la República, pero sí el Vicepresidente- expresó: “Estamos llamados a solucionar los problemas que nos impiden vivir como hermanos. Dirijo mi saludo a todos los estamentos de Gobierno, Municipio, a la Policía, a los asambleístas y hago un llamado a la unidad y solidaridad para, juntos, salir de la pobreza y de la inequidad”.

Todos recordamos al antecesor, el pontífice Juan Pablo II. Él estuvo con nosotros en el año 1985 y en las numerosas disertaciones dedicó una especial a quienes forman el mundo de la Cultura. Esto ocurrió el 30 de enero de ese año, en Quito, en el templo de la Compañía de Jesús, al que calificó como ' “orgullo de vuestra nación, de esta ciudad”. Al referirse al intercambio de valores, búsqueda de la verdad y construcción de la civilización “de la dignidad humana”, expresó: “En esta tarea han de hallar su puesto los cristianos y las instituciones eclesiales de cultura, sabiendo hermanar las exigencias de la fe y los requisitos de la cultura dentro de un clima de libertad y respeto”. También: “Ante las nuevas exigencias de la sociedad actual, que reclama justamente metas de mayor dignidad para las personas, se impone un gran esfuerzo a favor de la justicia, del cambio de estructuras injustas y de la liberación del hombre de todas las esclavitudes que lo amenazan. Sin que podamos olvidar, ante la tarea que nos incumbe, que fuerzas sociales alimentadas bajo el signo de cualesquiera materialismos, teóricos o prácticos, quieren instrumentalizar al servicio de sus propias finalidades, los dirigidos análisis de la realidad social, mientras elaboran estructuras políticas y económicas en las que el hombre, desposeído de su ser íntimo y trascendente, pasa a ser una pieza más del mecanismo que lo priva de su libertad y dignidad interiores, de su creatividad como ser libre”.

Estos principios valen para todos, incluso para los miembros del actual Régimen del siglo XXI, con el Presidente de la República a la cabeza, particularmente él que se educó en colegio católico, universidad católica, y asiste a misa los domingos y, por ende, es un católico militante.

Unidad y solidaridad, diálogo con todos es la receta planteada por los prelados máximos de la Iglesia Católica.

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