Votamos por el cambio: ¡Insistamos!

La grave crisis de corrupción, violencia y abuso en Ecuador, agravada por gobiernos pasados que deterioraron la justicia y los servicios públicos.

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Vivimos inmersos en una fuente llena de inconsciencia que nutre al abuso, al crimen y a la inmoralidad.  Este oxígeno enrarecido que respiramos nos fuerza a vivir temerosos en medio de estas circunstancias. Nos desesperan la criminalidad que, en todas sus formas, crece a raudales; la corrupción crónica, agudizada y profundizada por la década que carcomió la moral e instauró “la ley del más vivo “ y del disfraz oral que, repetido insistentemente, “manos limpias, corazones ardientes y mentes lúcidas“ cubría, como opaco cortinaje, los cuantiosos actos ilícitos que perjudicaron al país y llenaron de dinero los bolsillos y las cuentas, profesionalmente ocultas, de los cazadores de dinero .

Es tan acentuada la corrupción que desprestigia a nuestro hermoso país, extranjeros que lo han visitado, emiten expresiones que laceran el alma de los que amamos a nuestro terruño “Ecuador es un país prostituido, lleno de corrupción, de mentiras, donde el sistema judicial no funciona, por lo tanto, no existe justicia, con dinero puedes comprar jueces, fiscales y testigos”

Ecuador es el único país donde un funcionario público te responde – ya le ayudo – cuando no se trata de ayudas, se trata de que cumplan con su trabajo, Por lo tanto, no es un favor o ayuda, es su deber”

Ecuador es el país donde los policías se inventan batidas o redadas para extorsionar arbitrariamente a los ciudadanos y así recolectar dinero para su uso personal”

Esas observaciones constituyen el enmarcado de una realidad agravada por la violencia, el crimen indiscriminado y la batalla permanente entre bandas y carteles que han escogido nuestro suelo como lugar propicio para el tráfico de drogas, por su situación geográfica, por la justicia cotizable y la contaminada fuerza pública.

Uno de los peores males heredados es el cinismo de los integrantes de ese obscuro colectivo, que da albergue y cabida, en la Asamblea, a malhechores que se presentan como adalides que describen los inhumanos atracos a hospitales públicos que confluyeron en la muerte de una gran cantidad de víctimas, con cuyos cadáveres continuaron las estafas con sobre precios de las bolsas de envoltura.

Innumerables fueron las persecuciones de ese aciago gobierno a sus opositores: a distinguidos periodistas: Jorge Ortiz, Carlos Vera, Emilio Palacio, Janet Hinostrosa, Martín Pallares, entre otros; a  la prensa representada por El Comercio, El Universo, La Hora y a las televisoras Ecuavisa y Teleamazonas, que recibieron injurias y bochornos en las costosas y grotescas sabatinas. Gente honorable fue atacada inclementemente por el gobierno corrupto que fusionó venganza e intolerancia, como potentes venenos para la dignidad y la verdad. Nos crispará, por siempre, la perversidad irrogada al economista Jorge Rodríguez, hombre ejemplar, valiente, opositor frontal de los deslices y de la podredumbre moral de esos “iluminados” que condecoraron al – ex contralor “modelo” Pólit-, ahora preso, en EE. UU., para quien, el expresidente Correa, pedía generosos aportes que, desde luego, eran innecesarios, porque, en su “pobreza”, Pólit pagó, al contado, a la justicia norteamericana, 15 millones de dólares -una bicoca- si  consideramos los miles de millones que robó. La sinvergüencería no tuvo límites y el potentado ex contralor entabló un juicio al presidente de la Comisión Anticorrupción, economista Rodríguez y a los miembros de la Comisión, entre ellos, a la doctora Isabel Robalino, al doctor Julio César Trujillo, al doctor Simón Espinosa, al Dr., Germán Rodas, al doctor Ramiro Román y a los demás integrantes que luchan, sin ninguna remuneración, por la honestidad nacional. Tan llena de descaro se presentaba esta demanda, que el cleptómano Pólit se vio obligado a retirarla.

Designaron fiscales, jueces y funcionarios judiciales, para que cubran sus fechorías, expulsaron y maltrataron, con la fuerza pública, a 3.500 experimentados y muy distinguidos médicos, para reemplazarlos por aprendices cubanos. Forzaron la compra de renuncias, a través del decreto 813 a 40 000 empleados, con el pretexto de disminuir la carga estatal; pero se los reemplazó e incrementó el número de trabajadores con sus fanáticos seguidores; en el IEES el correísmo recibió 9.000 trabajadores y terminó con 40.000 y hoy, con cinismo, se oponen al esfuerzo de sacar al país del precipicio en el que le hundieron.

Ahora “los angelitos” de ese partido, que también alberga a pederastas,” lloran” por los niños abusados, por sus compañeras ofendidas, no aportan a la lucha emprendida en contra de la delincuencia que ellos fortalecieron. Debemos sumarnos a este combate  múltiple, reconstruir todo lo destruido: seguridad, economía, trabajo, educación y, sobre todo, salud. El gran esfuerzo exige análisis concienzudos, para no afectar a trabajadores inocentes y honrados, que felizmente también existen. Urge sistematizar la salud, acabar con los pútridos negociados de medicamentos e insumos y complementar los servicios para que todo enfermo pueda ser atendido pública o privadamente, en cualquier centro, con un posterior intercambio de tarifarios señalados por el ente rector de la salud. Fortalezcamos el cambio. ¡insistamos!