Rodrigo Fierro

No podemos volver al pasado

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Jueves 05 de septiembre 2019

Pocos serán los que como el peruano Carlos Daniel Valcárcel hayan sentido más en su corazón los latidos del pasado pre hispánico de su país. Con devoción filial se propuso relievar todos los aspectos que al pueblo altoandino le llevó a crear una de las diez civilizaciones más importantes que recuerda la historia. El Imperio de los Incas, la pasión de Valcárcel. En uno de sus libros “Historia de la Educación Incaica” (Ed. Regina Mundi, Univ. de San Marcos. Lima, 1961), el erudito Dr. Valcárcel puntualiza que como los Incas carecían de escritura era la memoria la que se ejercitaba hasta que las normas administrativas, los hechos históricos y los avances de adaptación a su hábitat quedaran gravados en la mente de quienes dirigirían el Imperio. Los quipus no eran más que elementos auxiliares para el recordatorio de épocas y personajes, y asuntos administrativos que requerían ser cuantificados. Es así como quedaban registrados los portentosos conocimientos empíricos que iba adquiriendo un pueblo inteligente, atento observador de los fenómenos de la naturaleza. Sorprenden los conocimientos empíricos sobre astronomía, hidráulica, alimentación herbolaria, etc.

Poca duda cabe que fue la escritura alfabética la que contribuyó a que los españoles se impusieran en el mundo andino. También resulta claro que al desastroso proceso de aculturación que vino después de la etapa bélica de la conquista, en mucho influyó la desmemoria historia en la que cayó el pueblo vencido, ya sin sus centros de enseñanza, ya sin sus amautas, arauicus, yachacs y quipucamayocs. Al proceso de aculturación que se inició hace 500 años, vino el golpe de gracia en el siglo XVIII, se impone el conocimiento científico al conocimiento empírico. Se salvan del desastre los que saben de las propiedades curativas de plantas nativas. Hasta fines del siglo XIX, los médicos aborígenes gozan de mayor prestigio que los venidos de Europa. Los médicos españoles fueron objeto de los dardos del Dr. Eugenio Espejo.

Es en el siglo XX, el de las Ciencias, en el que los conocimientos científicos y los adelantos tecnológicos, terminan por imponerse en el mundo civilizado. En farmacología se llega a determinar los principios activos de las plantas medicinales, e inclusive la fórmula química que los identifica. Según el médico e historiador peruano Fernando Cabieces poco queda de la flora amazónica peruana en la que no se hayan determinado sus principios activos. La industria farmacéutica transnacional es imparable, no conoce fronteras. En años muy recientes, y ya con la sofisticada tecnología que se requiere, investigadores de la Universidad Católica se empeñan en dar con los principios activos de unas pocas plantitas andinas medicinales.

Los estudios empíricos que también se realizan es como volver al pasado.

rfierro@elcomercio.org