José Velásquez

El vocero presidencial

Cuando habla impone respeto por sus respuestas articuladas, que no son evasivas ni indirectas sino datos concretos y explicaciones sin fanatismo. Jamás devuelve los disparos porque sabe que el encargo del Presidente no es confrontar. Quizás por eso la mayoría reconoce que es lo mejor que ha llegado a la sala de prensa en muchos años. Me refiero obviamente a Jen Psaki, la vocera de la Casa Blanca.

Psaki no saltó de un canal de televisión ni ostenta una maestría en comunicación política. Lo que sí tiene es la capacidad para estar en permanente sintonía con su jefe y el aplomo de una guerrera de todas las batallas. Recorrió 55 países junto al exsecretario de Estado John Kerry y fue la portavoz del candidato Barak Obama en esa maratón histórica rumbo a la victoria. Cero nivel de improvisación.

Hoy se rumora que Psaki podría dejar pronto su despacho para unirse a una cadena de noticias como analista. Finalmente el vocero siempre sufre un desgaste y la mayoría se retira temprano. Trump tuvo cuatro en el mismo número de años.

En Ecuador también se busca a alguien para hablar en nombre del gobierno, y aunque podría pensarse que es odioso comparar, resulta tremendamente beneficioso observar estas experiencias. En su primer día de trabajo Psaki ofreció a los periodistas dos cosas: sinceridad y un encuentro diario para despejar dudas tras meses de silencio durante la recta final de la era Trump.

Detrás de la promesa había también un doble mensaje: en la sala de prensa no perdemos el tiempo con recetas ni manuales políticos; y este es un gobierno en el que las cosas funcionan, empezando por la comunicación.

Si se decide mantener la figura de la vocería espero que no lo o la elijan exclusivamente por ser un trofeo de la vieja escuela o una figura emergente. Es más importante que hable oportunamente y con convicción, que tenga el mismo tono del Presidente y que se gane el respeto a diario por su liderazgo y profesionalismo. Urgen puentes, no muros.