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Vivir con temor

Las generaciones actuales viven con temor, que se conceptúa como pasión del ánimo que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso; y, también, recelo de un daño futuro.

Tres son las causas para vivir con temor, ahora, en nuestro Ecuador: una, inmediata, la delincuencia en plena operación impune; en lo económico, los peligros que se ciernen sobre la economía; y, en lo político, la creación o fortalecimiento de Comités de la Revolución. No hace falta detenerse en los efectos de la delincuencia, pues quien más, quien menos, ha sido víctima de robo, asalto, heridas y despojo de sus bienes. Con angustia, nos enteramos todos los días de ajusticiamientos, en algunos casos con crueldad extrema o con tortura previa; o –al menos- como acontece con la “justicia” indígena, con torturas previas a la entrega del presunto delincuente a la Policía.

En el aspecto económico, para quienes no somos expertos en ciencias económicas, ni administrativas -es decir para el público común- causa temor perdurable un posible daño futuro -no muy futuro- de la estabilidad monetaria, como lo advierte enfáticamente el vicepresidente de la Corporación de Promoción de Exportaciones, Sr. Eduardo Egas Peña, quien interrogado sobre déficit comercial del país, en este año, por ventas inferiores al valor de las compras de productos extranjeros por una cantidad de 733 millones de dólares, revela que’ “las importaciones en este año 2010 ‘“nuevamente crecen, pero esta vez más que antes”.

Para comodidad, halago, felicidad, estatus o medio de transporte para trabajo, adquirimos -el año pasado- 512 vehículos “híbridos”, de precio más caro que los usuales; pero en este año 2010 los compramos como pan caliente en número de 1 368 unidades, porcentaje superior en 34 puntos más que en el año 2009.

En Ecuador, país de millonarios, durante el año pasado el sector automotor movió 3 800 millones de dólares; y continuaremos adquiriendo en particular por la facilidad de créditos para pagarlos en dividendos de hasta cuatro y cinco años.

Pichincha espera una inyección de 50 000 vehículos en el presente año; y en todas sus vías circularían, 465 000 unidades.

En todo nuestro Ecuador, arriba de un millón. Y todos demandan piezas y repuestos. No solo se trata de vehículos, sino también de vestidos y calzado de marca, aparatos eléctricos y electrónicos. Y gasolina. Y gas doméstico, etc.

¿Cabe temor de que -a este paso- la dolarización fracase, con las terribles consecuencias que ello traería?

En el campo político, el fundado temor está en la operación que asignarían a los Comités de la Revolución. Si funcionarían como en Cuba, la seguridad de los ciudadanos estaría gravemente afectada.

Es de esperar que este panorama solo sea producto de pesimismo; y que adoptarán correctivos.

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