Simón Espinosa Cordero (O)

Victoria’s Secret

El secreto de la Victoria decía mi abuela Macrobia radica en la muerte cruzada fulminante como el rayo que la llevó a la Gloria, y luego de un tiempo oportuno, la consulta al Ecuador mestizo que lleva la roja sangre de España, la sed de justicia infinita de nuestra hermosa Pachamama y el músculo afroecuatoriano que gana medallas en Tokio. Nada de paños calientes sobre el cuerpo envenenado de la Constitución Dosmilocho, que nos ha traído vergüenza, droga, una Asamblea oprobiosa y un alcalde tan mañoso como nuestra Carta Magna. ¡Hora es de un nuevo Grito de la gran patria de Espejo!

El señor Guillermo Lasso, nuestro amado presidente, quiere con cabeza y corazón gobernar para volver al Derecho, la primera piedra de un Estado regido por la Ley. Y siente escalofrío con una Asamblea cuya mayoría es una piedra en el zapato de la función presidencial. La frase más notable de la actual función legislativa ha sido “Roben no más y no se dejen coger” y el castigo a la cuitada nada más ni nada menos que una semana de descanso sin sueldo. ¡Vicente Rocafuerte la habría fusilado! Así nadie puede gobernar ni la Nación sobrevivir. Si el diálogo de la razón razonante, primer paso de un caminar civilizado se volviese imposible, dispone el señor presidente de la muerte cruzada como opción para frenar la codicia enloquecida. Sabe el señor Lasso “que las urnas son sucesoras legítimas de los balazos”, frase de Abraham Lincoln que, desde su asiento de piedra, mira con ojos despetalados la Casa Blanca, la cúpula del Congreso y el Templo de la Justicia. “La consulta sí o sí” prometió don Guillermo Lasso Mendoza.

Consulta, única oportunidad temporal y jurídica, que le ofrece la democracia directa. Si la convoca para reformar la 2008, tiene por ley que consultar a la Asamblea. Si se ha desecho de ella por la muerte cruzada, debe llamar a elección presidencial y de legisladores. Y estos aprueban o niegan la consulta. ¡Grave riesgo, tal vez para nada! Nosotros, ciudadanos sencillos, proponemos reponer la Constitución del 98 manteniendo los derechos adquiridos, postulando una auténtica vanguardia en Derechos Humanos y proporcionando categoría constitucional a la ley de Dolarización promulgada cuando regía la nueve ocho. El presidente de la República no tiene para esto que consultar a la Asamblea y el cómo hacerlo ya está en Carondelet.

Lo propuesto por nosotros, es perfectamente legítimo y constitucional, lo que no sucedió en el año 2007 cuando el señor candidato Rafael Correa se creó caminos sinuosos para llegar a la Asamblea Constituyente y al parto de la 2008., pese a que había un marco jurídico y un Código Político al que debía someterse.

“El declive de la democracia no es inevitable; pero tampoco, la supervivencia. Si declina o sobrevive, depende de las decisiones que tomemos cada día” (Anne Appelbaum, “El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo “. Premio Pulitzer).

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