Vicente Albornoz Guarderas

Lenta muerte de una herencia

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Domingo 14 de octubre 2018

El quichua está en retirada y eso es una pérdida para todo el Ecuador porque, al final, somos la suma de muchas culturas y el retroceso de un idioma clave equivale a la desaparición de algo que nos une.

Los datos son clarísimos. En el censo del año 1950, el 13% de la población relevante reportaba hablar, como primera o segunda lengua, un “idioma aborigen” (en terminología de la época). Pero para el censo del 2010, sólo el 4,8% de la población decía hablar una “lengua indígena”. Y si bien existen 14 lenguas indígenas en el censo, el quichua es, de lejos, el más hablado (6 veces más que todos los otros idiomas juntos).

Esa menor presencia porcentual en la población ha ido acompañada de una menor presencia de quichuismos en el lenguaje coloquial. Muchos de los más jóvenes no conocen lo que es el shungo, el cushqui, el chaquiñán, lo mishqui o una infinidad de otros términos que antes si se escuchaban.

Pero el retroceso del quichua se ha dado a pesar de un importante gasto público conectado con ese idioma y con otras lenguas indígenas. La cantidad de publicaciones oficiales que aparecieron durante el gobierno anterior en español, quichua y shuar, es enorme y es muy discutible que hayan aportado, aunque sea en una cantidad mínima, a la difusión de esos idiomas.

Es más, sería interesante saber cuánto gastó el gobierno en traducciones y publicaciones que, muy probablemente, nadie leyó. Y los pocos minutos de cada sabatina que usaba el presidente para hablar en quichua, tampoco sirvieron para promocionar un idioma, pues es imposible promocionar algo que nadie puede aprender.

Porque ese es el problema: la dificultad de aprender quichua para quienes no hablan ese idioma en sus hogares, sobre todo recordando que estamos en el siglo XXI, donde los idiomas se aprenden en internet y donde hay infinidad de opciones para aprender desde inglés, hasta galés o klingon (lengua ficticia de la serie Star Trek).

Pero a pesar de una exhaustiva búsqueda, este articulista no pudo encontrar una opción seria que enseñe quichua en la red. Es más, no hay siquiera una emisora de radio que, vía internet, transmita en ese idioma. Y todo eso debería ser un área en la que el Estado se preocupe de cuidar, mantener y promocionar un pedazo de nuestra herencia cultural en lugar de hacer publicaciones lujosas, en papel caro que nadie lee porque no puede aprender el idioma en que está escrito.

En Duolingo, un lugar virtual que permite aprender cerca de 35 idiomas de manera gratuita (pero que no tiene quichua) se reporta que hay más gente aprendiendo irlandés que personas que hablan ese idioma en la realidad. ¿Se imagina qué enorgullecedor sería que se reporte algo así del quichua?