Vicente Albornoz Guarderas

De un chuchaqui anunciado

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Domingo 23 de diciembre 2018

Realmente desagradable e incomodo el aumento del precio de la gasolina. En serio y sin ironía. Pero claro, después de cada buena farra, siempre viene un buen chuchaqui. Y todo chuchaqui es desagradable, peor aún uno causado por una farra de 36 mil millones de dólares, de tres dólares por galón o de quince dólares por cilindro.

Pero tengamos claro que este aumento del precio de la gasolina no es más que una partecita de los múltiples ajustes que tendremos que hacer en el Ecuador durante la próxima década para re-equilibrar una economía a la que, por culpa de la farra feroz, se le desequilibró monstruosamente.

Esa farra consistió en gastarse todos los recursos recibidos en la última lotería que se ganó el país, o sea, del boom petrolero que vivimos entre 2006 y 2014. Lo interesante es que, a pesar de los abundantes recursos que vinieron por el petróleo caro, el gobierno se los gastó todos, se gastó lo poco que había de ahorros y se endeudó en cantidades significativas.

Cuando se gastó toda esa plata se produjo algo parecido a una gran fiesta en la que la economía se acostumbró a vivir sin producir y los consumidores se acostumbraron a consumir sin límite. Y, sobre todo, el sector productivo se acostumbró a vivir con gasolinas, diesel y gas baratos.

Pero ese gobierno populista que tuvimos no podía arriesgarse a perder su popularidad y no podía tomar una medida necesaria y responsable (pero antipática) como subir los precios de los combustibles. Por eso, los precios que habían sido fijados en enero 2003, cuando el barril ecuatoriano estaba en USD 29, se mantuvieron hasta la semana pasada, a pesar de que el barril llegó a costar USD 117 en junio 2008 y USD 112 en marzo 2012.

El problema es que cuando el precio del petróleo sube, también suben los precios de los combustibles, pero en el Ecuador eso no pasó porque hubiera sido como apagar la música en plena farra.

La diferencia entre el precio internacional y el precio local de los combustibles es el subsidio y en algunos años esa diferencia se fue enorme. Por ejemplo, a mediados del 2008, cada galón de diesel llegó a ser subsidiado en USD 3,2 y cada cilindro de gas en USD 14,7. Por eso, según un cálculo del Observatorio de Energía y Minas, entre 2007 y 2016, en la década farreada, se fueron USD 36,312 millones de dólares en subsidios, o sea, casi el equivalente al doble de las exportaciones anuales del país.

Y esos subsidios se esfumaron por los escapes de los autos y salieron en los camiones de contrabando a Perú y Colombia. Ahora que el precio del crudo volvió a bajar, ahora que la farra terminó, habrá que buscar la manera de poner los pies sobre la tierra, de sobrevivir al chuchaqui y esperar que haya vida después del ajuste.