Vicente Albornoz Guarderas

La constitución del gasto

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Domingo 02 de agosto 2020

Transportémonos al Ecuador del período comprendido entre diciembre 2007 y septiembre 2008, diez meses en los cuales el precio del petróleo estuvo, en promedio, en 113 dólares actuales. Ahora, recordemos que en ese período estábamos gobernados por un presidente que sólo soñaba en eternizarse en el poder y que convocó una Asamblea Constituyente que sesionó, justamente, en esos fatídicos diez meses.

Junte a ese presidente, a los asesores españoles que le “ayudaron” a redactar su constitución perennizadora, a los mediocres constituyentes y al alto precio del barril de la época y tendrá los componentes perfectos para redactar una Constitución diseñada para despilfarrar los recursos públicos.

La constituyente de Montecristi estuvo conformada por mucha gente que tenía su pasado en diversas ONGs acostumbradas a gastar sin generar recursos, muchos de los cuales estaban convencidos que todo en el país estaba bien y que era el momento de refundar la patria y de llenar a los ecuatorianos de derechos. Estuvo conformada por gente que vivía en nubes rosadas de ilusiones, pero carentes de sentido de realidad y, sobre todo, carentes de sentido de Estado.

Si a eso le sumamos las “contrataciones extranjeras”, esos seres tan ideologizados como distantes de nuestra realidad que aportaron con mucho más que un grano de arena, tenemos la bomba de tiempo que iba a explotar el momento en que caiga el precio del petróleo. Porque esos diez meses son el período en que más alto ha estado nuestro crudo en toda la historia y esta gente armó una estructura del Estado que sólo podría funcionar con altísimos precios del barril.

Pusieron, por ejemplo, que el gasto en educación debía ser equivalente al 6% del PIB, una linda idea, una gran iniciativa, pero en su limitado entendimiento de la realidad, nunca pensaron cómo financiar ese gasto.

Parece broma, pero ordenaron que el gasto se realice y punto. Tal era su ignorancia que nunca pensaron que de algún lado debía salir la plata para pagarlo. Ni siquiera pusieron una disposición sobre qué se debía hacer si los recursos del gobierno no alcanzaban para cumplir ese lindo deseo.

Y también pusieron que se debía gastar el 4% del PIB en salud. Y tampoco pusieron cómo financiar ese gasto. Parecían niños convencidos que Papá Noel existe y es sólo cuestión de mandarle una carta y que los regalos llegarán, por la simple razón de que ellos se habían portado muy bien.

Hoy, esa constitución es una de las mayores trabas que enfrenta el país para hacer algo tan, pero tan básico como equilibrar sus cuentas fiscales, para lograr que los gastos no superen en mucho a los ingresos. Tal vez no eran tan ignorantes y sabían muy bien cómo armar una bomba de tiempo.