Vicente Albornoz Guarderas

Los ciudadanos de segunda

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Domingo 27 de septiembre 2020

En teoría, en una democracia, el voto de un ciudadano debería pesar lo mismo que el de otro. Pero en el Ecuador no es así porque en lo que se refiere a la capacidad de elegir legisladores, hay ciudadanos de segunda y de tercera.

Es sólo cuestión de ver los números: el país elije a 116 asambleístas provinciales, pero mientras más grande es la provincia, más habitantes se requiere para tener uno. El caso más extremo es Guayas, que tiene un representante por cada 220 000 habitantes. Y eso no es otra cosa que el resultado de dividir la población del Guayas (4’ 400 000) para los 20 asambleístas que elije. En Pichincha hay uno por cada 200 000 habitantes.

El otro extremo es Galápagos, donde 33 000 habitantes elijen a dos asambleístas, o sea, hay uno por cada 16 500 habitantes. En otras palabras, cada galapagueño equivale, en representación legislativa, a 13 habitantes del Guayas (o a 12 de Pichincha).

Si hay 116 asambleístas provinciales para 17 millones de habitantes, en promedio cada legislador representa a 150 000 personas. De manera que se podría dividir a los ecuatorianos en tres grupos: aquellos que para elegir un legislador necesitan ser mucho menos de 150 000 habitantes, aquellos que están cerca del promedio y aquellos que viven en provincias donde se necesita mucho más de 150 000 habitantes para elegir un legislador.

Los ciudadanos de primera, esos que tienen una representación mucho mayor al promedio, son, en orden de peso por habitante, Galápagos, Pastaza, Zamora Chinchipe, Carchi, Napo, Bolívar, Sucumbíos, Orellana, Cañar, Morona Santiago y Sto. Domingo, donde un habitante vale hasta 9 veces más que el promedio.

Los ciudadanos de segunda, aquellos cuyo peso es similar al promedio, son de Imbabura, Cotopaxi, Loja, Chimborazo, Sta. Elena, El Oro, Tungurahua, Los Ríos y Esmeraldas. Finalmente estamos los ciudadanos de tercera, de Manabí, Azuay, Pichincha y Guayas, donde nuestro voto vale mucho menos que el promedio.

Esto es el resultado de una constitución que asigna un mínimo de dos asambleístas a cada provincia, algo que de por sí es absurdo porque en el caso de las provincias más pequeñas, deberían unirse dos o tres para sumar uno.

Un dato interesante es que en las 16 provincias menos pobladas del país viven, en total, el mismo número de ecuatorianos que en Guayas. Pero esas 16 provincias envían 47 asambleístas al parlamento, mientras que Guayas sólo tiene 20. Pichincha, con 16 asambleístas, tiene tantos habitantes como las 14 provincias menos pobladas (que tienen un total de 39 asambleístas).
Por cierto, bajar el mínimo de asambleístas por provincia a uno reduciría el número total en 24 y rebajaría esta injusticia.