16 de February de 2011 00:00

Verdes y avispados

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Ivonne Guzmán

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Es domingo y la noche ha caído pocos minutos antes. A la salida del cine, mientras espero que mi acompañante salga del baño, un afiche enmarcado en luces de neón capta mi atención, no por la monumental Cameron Díaz sino por las palabras que le dan sentido: ‘El Avispón Verde. Violando la ley para protegerla’. Y entonces caigo en cuenta de que esa película ya la vi (para ser precisa, la vengo viendo desde hace cuatro años). ¿Ustedes no?

Les cuento brevemente el argumento de esta historia (que nació como un cómic en Estados Unidos, en los años 30) para ver si hacen memoria. Básicamente, el Avispón Verde es un joven bienintencionado que decide transgredir la ley para hacer el bien a la sociedad. Y puñetes, pequeños delitos, patadas e insultos de por medio, al parecer, lo logra.

Sé lo que están pensando: es muy parecido a lo que pasa en nuestro tragicómico ámbito político, con la salvedad de que nuestros avispones (que más bien son avispados) no son ni de lejos tan eficientes como el personaje creado por George W. Trendle y Fran Striker.

Bajo la premisa de ‘violemos o rompamos la ley para protegerla’, los avispados (que coincidencialmente también son verdes) han hecho de todo, de la forma más burda y vergonzosa posible. Y la mayoría de nosotros, sus mandantes/espectadores, no ha dicho ni esta boca es mía, aunque la película ha sido pésima (¿habrá cómo pedir que nos devuelvan las entradas?).

A ver, ya que piden ejemplos, les doy. Desde las primeras escenas nuestros avispados verdes se comieron muy campantes al Congreso Nacional y lo reemplazaron por otro Congreso, el de los manteles (verdes). En otros tiempos, cuando eran menos avispados y no eran verdes, ellos mismos hubiesen ido hasta la ONU, de ser preciso, para denunciar semejante atropello institucional, pero en tiempos del Avispón Verde todos sabemos que hay que manosear la ley para protegerla.

¿Más ejemplos? Les doy dos más porque se me acaba el espacio. Uno: el Tribunal Constitucional autoproclamado Corte Constitucional (lo que nunca supimos es si esa vez celebraron con Pílsener o con Club verde; eso debe estar en los ‘bloopers’). Y dos: la magistral idea de reformar la Constitución sin hacer una asamblea constituyente. Todo por el bien de nosotros, o sea los espectadores, porque de mandantes ya no tenemos ni un pelo. Realmente fatal nuestra película.

“Es un licuado de ideas y estilos que no termina de cuajar, comenzando por un intérprete inapropiado para el papel principal y siguiendo por un libreto plagado de personajes superficiales. Es cierto que hay algunos momentos graciosos o excitantes, pero son los menos”, dice Alejandro Franco en el Portal de Cine Arlequín sobre la película ‘El Avispón Verde’. Opino lo mismo sobre nuestra versión criolla.

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