Milton Luna

No vemos el juego

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Sábado 04 de agosto 2018


Los correístas rezagados, camuflados y vergonzantes, que todavía subsisten, dentro y fuera del gobierno de Moreno, en público y en privado, defienden las obras y las artimañas de la revolución ciudadana. Se amparan bajo la bandera de la “traición”. Los históricos, los muy cercanos al apaleado líder, no tienen otra ruta que persistir en su obsesión, aún si se les venga el mundo encima, como ya ha estado pasando ante tanta evidencia de corrupción y abuso de poder. Y se vendrá más, en las próximas elecciones para gobiernos locales, donde la gente a través del voto expresará su rechazo. El desastre será total.

El rótulo “Alianza País” casi es una mala palabra en muchos lugares del Ecuador, siendo una pésima herencia para Moreno, que es el presidente de la desprestigiada agrupación. Por esto, para el correísmo pragmático, cambiarse de nombre es una estrategia ineludible para bajar la dosis de la catástrofe. Tienen que mimetizarse o mueren. El presidente, por su parte, necesariamente tendrá que buscar otra tienda política que le cobije hasta el fin de su mandato.

Correa y los correístas están destrozados políticamente. Pero el correísmo está vivo, como expresión política del dogmatismo, cinismo y atraco a los fondos públicos. Y sobre todo del oportunismo, que con sus propios intereses, está con cualquiera que los garantice. Entonces, el correísmo, bajo cualquier ropaje, tiene amplias posibilidades de reproducirse, ya que las condiciones sociales y políticas para el desarrollo del autoritarismo están intactas, así como para el surgimiento de un nuevo mesías, que canalice a una fortalecida sociedad conservadora, violenta y racista, y supere ampliamente a una atomizada y sin alternativas estructura de partidos políticos, que no logra reponerse de los 10 años de revolución ciudadana. La tendencia es hacia una mayor derechización de la economía, de la sociedad y del Estado.

A la larga Correa remozó a la vieja partidocracia. Pero no solo a ella. Generó un reordenamiento y fortalecimiento de los grandes intereses económicos del Ecuador, que engordaron los bolsillos aprovechando del régimen represivo y despilfarrador. Sin lugar a dudas, grandes grupos de comerciantes, importadores, banqueros y contratistas salieron más fuertes económicamente del correato, pero a diferencia de sus operadores políticos, que están hoy sumamente golpeados y en la cárcel, los empresarios-correístas están intactos, sin juicios ni desprestigio.

Prudentemente, no dieron la cara, tras las sombras dominaron y seguramente lo siguen haciendo.

A la corta o a la larga los caudillos son piezas de un ajedrez, donde los jugadores son otros. Mientras tanto los que estamos fuera, no vemos el juego. Nos tienen angustiados disputando un mendrugo de pan, o embobados con cualquier escándalo.