Francisco Rosales Ramos

Varita mágica

Nadie espera que el Alcalde tenga una varita mágica para que cumpla sus funciones. Si bien es verdad que Guarderas tiene apenas tres meses de posesionado, vale recordar que ha sido vicealcalde desde mayo de 2020 y que Yunda le encargó lo referente al metro, a vías y tránsito por largo tiempo. De manera que es persona que conoce profundamente al municipio, sus problemas y -ojalá- sus soluciones.

Nunca Quito ha estado en la situación de descuido, abandono y quemeimportismo como la actual. La burocracia municipal lenta y en parte corrupta; las empresas con grandes problemas operativos y financieros; el tráfico caótico; la basura regada en aceras y calles; el Metro listo para operar, pero parado porque no se tomaron a tiempo fundamentales decisiones; las calles llenas de baches; la Ruta Viva destruyéndose y abandonada su conclusión hasta el aeropuerto; ningún proyecto para completar el túnel Guayasamín; la inseguridad en su más alta expresión, pese a la tasa que pagan los quiteños. Y, lo más penoso, el ciudadano ha perdido el amor por su ciudad y poco le importa lo que ocurra en ella. En esta situación penosa, el municipio ha incrementado significativamente los impuestos prediales a título de “obras en el distrito”, que no se ven por ningún lado. Si de algo carece Quito es de obra municipal. Pese a ello, el ciudadano ha pagado la exacción en la espera de que el Alcalde responda positivamente a ese nuevo esfuerzo, empezando por ordenar la asfixiante burocracia.

La situación actual de Quito recuerda los peores tiempos de Guayaquil después de los Bucaram, que obligó al expresidente Febres Cordero a tomar a cargo el municipio, cerrarlo por dos meses y empezar su reconstrucción desde los cimientos. Ahora, luego de León y de Jaime Nebot, es ciudad en pleno desarrollo.

Los ciudadanos darán su apoyo al alcalde Guarderas, pero, al mismo tiempo, le exigirán decisión, valentía y dinamismo para recuperar Quito.