Alfredo Negrete

Utopía en Ecuador

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Jueves 04 de agosto 2011
4 de August de 2011 00:01

En temas de política no hay como darle consejos al Gobierno pues le va bien y no los necesita, pero con la oposición es otro el cantar. No logran contextualizar el presente ni establecer escenarios para el futuro, salvo en lo personal. Son excluyentes, lo saben todo y solo aspiran a ser electos; mucho más, si se cobijan bajo el ala del espejo y el coro de los acólitos.

En estas condiciones el triunfo de la reelección es seguro y con suerte -ante tanta dispersión- con abundancia de votos. Por tanto, apelando al derecho consagrado en la Constitución del Buen Vivir, se puede ejercer la utopía, que incluye la posibilidad de proponer adefesios.

Por eso propongo -sin la responsabilidad de ninguna autoría coadyuvante, pues juro que he elaborado este artículo solo-, un acuerdo utópico para las desorientadas filas opositoras, con el fin de que rompan la burbuja egocentrista que las consume y hagan un ensayo político que demuestre que en la política también existen valores, principios y objetivos comunes. Esta lectura es censurada, por obvias razones, para los de Ruptura 25.

La propuesta consiste en que ciudadanos de vocación política definida, de presencia y prestancia pública, de ejercicio pasado o y buenas posibilidades futuras, logren un acuerdo en el cual convoquen a elaborar un proyecto político alternativo y, bajo juramento, renuncien a ser candidatos presidenciales para el 2013. Que compitan desaforadamente para curules en la Asamblea Nacional, en las alcaldías, prefecturas, concejalías, consejerías, juntas parroquiales; pero por esta vez, no para la presidencia aunque de esa concertación se escoja a un competidor para en la próxima contienda.

Una de las prácticas políticas que poca resonancia ha tenido en América Latina es la del PRI de México. Se lo ha estudiado por su dilatada presencia en el poder, de muchos actos contrarios a la moral pública y de represión, pues lo de Tlatelolco no debe archivarse en la memoria. Sin embargo, en ese partido, surgido de los escombros de la revolución agraria mexicana, se concibió un antídoto muy eficaz contra la brujería del caudillismo como es la no reelección. En su período, el presidente podía hacerlo todo, menos perpetuarse. Un secreto mexicano como el tequila y el mole poblano.

De esa experiencia es posible comprender que el mal de la reelección es similar al de las múltiples opciones cuando de elegir presidente se trata en el Ecuador. Por eso, proponer a varios selectos personajes que renuncien a su legítima ambición sin posibilidades y repitan el ejercicio mexicano de buscar a un ‘tapado’ que jure no reelegirse es muy difícil; además, una falta de respeto. Si la propuesta no es considerada y la ansiedad abruma a los postulantes y seguros perdedores del 2013 se recomienda para paliar la culpa del egoísmo, la lectura de ‘De Optimo Republicae Statu deque Nova Insula Utopia’ de Tomás Moro.