César Augusto Sosa

A las urnas, en recesión

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Lunes 05 de abril 2021

El país y la mayor parte de las familias ecuatorianas atraviesan problemas similares: la pandemia redujo sus ingresos, algunos miembros del hogar se quedaron sin empleo, los ahorros para la época de vacas flacas nunca existieron, ya se consumieron o están por terminarse, y las deudas con las entidades financieras se refinanciaron o están a punto de caer en mora. Y en medio de este escenario, tanto el país como las familias necesitan que alguien les preste dinero para salir adelante, caso contrario el problema se mantendrá.

La recesión en las familias se evidencia en el menor consumo de bienes y servicios, en las empresas se expresa a través de la caída de ventas, en el Gobierno por el aumento del déficit fiscal. A nivel nacional, la profundidad de la recesión se observa en el decrecimiento del producto interno bruto (PIB), que fue de 7,8% el año pasado, según los datos publicados la semana pasada por el Banco Central del Ecuador.
Todo se fue al piso el 2020: inversión privada y pública, consumo de los hogares e importaciones. Solo las exportaciones salvaron al país de una mayor recesión, lo cual es una señal sobre el modelo económico que se debe privilegiar para salir de la crisis. Los desembolsos que recibió el país por parte de los multilaterales también evitaron una mayor contracción de la inversión pública y del consumo de los hogares.

La recesión del 2020 está lejos de terminar, es decir, aún estamos en medio del bache. Y se prevé que pasará un buen tiempo para recuperar la producción que registraba el país antes de la pandemia. Para tener una idea, la producción nacional en el 2019 ascendía a USD 71 900, mientras que el año pasado se contrajo a USD 66 300 millones.

Los resultados del primer trimestre del presente año muestran que seguimos en medio del bache. Lo más probable que la situación no cambie hasta que se posesione el nuevo Gobierno el 24 de mayo próximo.

Entre enero y marzo del presente año, la escasez de recursos en la caja fiscal se ha mantenido, lo cual se evidencia en la caída de ingresos: 22% menos comparado con igual período del 2020, cuando todavía no se sentían los efectos de la pandemia. La recaudación de impuestos cayó 7% en el trimestre, sobre todo del impuesto al valor agregado (IVA), que refleja cómo evolucionan las ventas del aparato productivo.

Para este año el Gobierno necesita conseguir USD 8 900 millones en financiamiento, sin embargo, durante el primer trimestre apenas ingresaron 452 millones, la tercera parte de lo que obtuvo el año pasado.

Con menos ingresos en el bolsillo, el Gobierno no puede ayudar a reactivar la economía. Se necesita inyectar recursos frescos, que solo pueden venir de los multilaterales en el corto plazo, ya que una colocación de bonos en el mercado internacional es costosa por el alto riesgo país (1 200 puntos).

Para salir de la recesión el país requiere un modelo orientado al mercado internacional, que reduzca el riesgo país, fomente la inversión privada y que cuente con el apoyo de los multilaterales.