Jorge Ribadeneira

Una mirada más a Quito

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Domingo 17 de diciembre 2017

Quito, la capital ecuatoriana que en este mes de diciembre estuvo de fiesta, ha crecido en los últimos años. Digamos que fue desde 1972, año en que comenzó la etapa petrolera y tomó fuerza la emigración interna en el país, a tal punto que casi ya no se bromea con los chagras, pues son personajes de la vida diaria. Por cierto, pese a su población actual sigue siendo -y lo será hasta la consumación de los siglos- la segunda, después de Guayaquil, la gran ciudad porteña, ya no tan adversaria como en otros tiempos. Pero la urbe capitalina se mantiene primera en algunos temas, por ejemplo en el humor. O sea en la sal quiteña. Por lo demás, según dijeron los ex alcaldes Paco Moncayo y Roque Sevilla en una radio, Quito sigue siendo “una ciudad bella” aunque no falta un concejal opositor que afirma que a estas alturas es “una ciudad fea”.

Hablando de población, nos guiamos por “Google” y en la computadora nos dice que la diferencia es amplia en favor de los ñaños porteños, a quienes los serranos -y especialmente los capitalinos- antes les decían “monos”. Guayaquil según Google tiene 2 millones 654 mil 725 habitantes y Quito un millón 607 mil 731. Lo volvemos a leer y se repiten las cifras. Nos preguntamos si es verdad y pasamos a otros temas, anotando que los excesos de población no son temas positivos. Guayas también va muy bien en materia deportiva y ahora está disputando, una vez más, el título de campeón de fútbol con su calificado Emelec frente a un esforzado elenco manaba, el Delfín. Pero en básquetbol, Guayas -que fue muchos años el campeón nacional, con inolvidables cracks- se fue para abajo y ahora es, aunque parezc increíble, cero en ese lindo deporte. En Quito está algo mejor el panorama basquetbolístico y hasta ha resucitado, para jugar básquetbol femenino, un club de fútbol que falleció hace más de un lustro, el Deportivo Quito. Cerramos el tema básquetbol reiterando un capítulo interesante. El quinteto de Liga Deportiva Universitaria (LDU) que fue campeón quiteño en 1952, es decir hace 65 años, sigue íntegro con vida, felizmente: Marcelo Holguín, Rodolfo Arroyo, Gonzalo ‘‘Patallucha’’ Cevallos, Santiago Oleas y Jorge Ribadeneira. El periodista Jaime Naranjo está terminando un libro que cuenta esta grata historia y otras anécdotas del básquebol de Pichincha.

En materia de humor, Quito sigue ostentando el campeonato nacional ecuatoriano con amplia ventaja sobre Guayaquil y el resto del país, con toda una serie de humoristas que muestran su calidad en la prensa serrana y costeña. Como es el caso de Bonil, de El Universo, quien acaba de publicar un grato libro titulado “Prohibido olvidar”. Por otra parte, ya va por al menos quince años la página de humor “Justicia infinita” que, dirigida por Marco Arauz, se publica los viernes en el diario El Comercio de Quito. En fin son cosas de Quito y del Ecuador cuando está terminando el 2017, con todo lo bueno, lo malo y lo feo de los años que corren y hasta vuelan.