Marco Arauz

Trump y Putin, Guaidó y Moreno

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Domingo 05 de mayo 2019

Es difícil saber el verdadero alcance de las palabras del presidente estadounidense Donald Trump, pero por ahora está embargado de un gran optimismo sobre el destino político de Venezuela, luego de su larga conversación telefónica con su homólogo ruso, Vladimir Putin.

Al calor de ese diálogo, aparentemente no hay opción de intervención militar rusa -ni estadounidense-, lo cual en sí mismo es buena noticia, pero dejar el delicado proceso colgado de unas promesas sobre una salida pacífica en ese país tan polarizado y tan devastado es una mala noticia.

La situación no da para más, después de dos décadas de expoliación de los recursos naturales, de reparto del poder con los militares, de crisis económica y sanitaria, de expulsión de sus ciudadanos en varias oleadas. Los países vecinos sabemos de lo que hablamos y sabemos que ésta también se está volviendo una situación humanitaria inviable.

Solo si suceden dos cosas a la vez hay alguna posibilidad de que Nicolás Maduro, torpe heredero del chavismo, piense de alguna manera en una salida aceptable: que la oposición no deje de movilizarse y gane adeptos todos los días, y que la presión internacional no decaiga. Por ahora, seguramente Trump paladea las palabras de la conversación con Putin y juega a creerle.

Una cincuentena de países ha reconocido como presidente a Juan Guaidó, un joven opositor envestido en el cargo por la Asamblea de su país, pero evidentemente él no podrá solo, menos todavía si Rusia gana tiempo para consolidar su presencia en la región.

Este viernes, 12 ministros y viceministros de Relaciones Exteriores se reunieron en la Cancillería peruana. Alentaron al “pueblo venezolano a perseverar” en su lucha para recuperar la democracia y, al mismo tiempo, instaron a Rusia, Turquía y a otros países que apoyan a Maduro para que favorezcan un proceso de transición democrática. La diplomacia rusa debe estar frotándose las manos.

Por ahora, Guaidó ha mostrado una gran valentía y afortunadamente se ha convertido en un contradictor legítimo de Maduro, al punto que la diplomacia estadounidense advirtió que si Maduro lo toma preso, ese será “el último error de la dictadura”.

Guaidó además es lúcido y sabe que si bien lo reconocen como presidente, tiene una función de transición, para permitir que su país recupere la normalidad, en un proceso que seguramente tomará muchos años. Si acaso llegara a la Presidencia, su mandato no alcanzaría para regularizar 20 años de destrucción.

En nuestro país, en cambio, el presidente Lenin Moreno se separó del correísmo y se presentó como el líder de una transición que tomará años. Pero quizás algunos políticos de su entorno lo están entusiasmando, y por eso tal vez ahora sopesa el costo político de sus acciones y es un mar de indecisiones.