Francisco Rosales Ramos

Triste destino

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Miércoles 15 de enero 2020

Lo idóneo habría sido que el expresidente Correa hubiese asumido con vergüenza los múltiples casos de corrupción y atropello a los derechos humanos que se evidencian en decena de juicios penales en los que él mismo aparece como sindicado, el ex vicepresidente Glas en la cárcel y más de medio gabinete vinculado. Pero en lugar de ello, ha adoptado una postura desafiante y belicosa en contra de fiscales y jueces, acostumbrado como estaba, a que se sometan a su voluntad.

En ese plano, acaba de renovar su contrato con la televisión rusa para continuar con el programa “Conversando con Correa” en el que, como comparsa del ex agente de la KGB, Vladimir Putin, se entrega a la campaña para destruir a las democracias occidentales, a las economías libres y a los regímenes liberales que protegen los derechos de los ciudadanos. Putin, que lleva más de 20 años en el poder absoluto de Rusia, se ha propuesto acabar con las instituciones de los países occidentales, hacer todo el daño que pueda a la Unión Europea, el sistema de integración más desarrollado del mundo actual, y doblegar a Estados Unidos, primera potencia mundial, con el iluso objetivo de que Rusia recupere el poder que tuvo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. Y para ello interviene descaradamente, pero hasta aquí con algún éxito, en los asuntos internos de otros países. Está probada la participación de los aparatos de inteligencia rusos en las elecciones de los Estados Unidos en 2016 para impedir que llegue a la presidencia la Sra. Clinton y encaramar en la Casa Blanca a Trump. A los objetivos de Putin, le convenía más que Washington esté gobernado por un hombre emocionalmente inestable, sin limitaciones éticas, que se había convertido en multibillonario por procedimientos opacos que incluyeron más de una quiebra y dejaron decenas de perjudicados. En una impactante escena de la serie, “House of Cards”, el presidente ruso le engaña como a un impúber al presidente de los Estados Unidos, que no se destacaba precisamente por su inteligencia y conocimiento de las relaciones internacionales.

Está también probada la participación de Rusia en la separación del Reino Unido de la Unión Europea, duro golpe recibido por esta comunidad de naciones. Y lo mismo en el affaire Assange. En suma, el ex agente de la KGB avanza en su programa de destrucción de las democracias liberales de Occidente que, ingenuamente, no reaccionan como deberían hacerlo ante los ataques de Moscú. Y a esa oscura misión, el ex presidente se ha entregado con el desquiciado entusiasmo que exhibió en los 10 años en los que desgobernó al Ecuador. Papel que no le cuesta ningún esfuerzo, pues pese a haber cursado en una universidad norteamericana, nunca creyó en el respeto a los ciudadanos, el equilibrio de poderes, ni en la economía de mercado.