Marco Arauz

Los trinos del Ministro

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Domingo 22 de julio 2012
22 de July de 2012 00:01

Hay al menos dos ministerios en los cuales la política del micrófono no solo no funciona sino que resulta contraproducente: el de Relaciones Exteriores y el del Interior. Sobre el primero, ya se ha analizado cuán negativo es que la diplomacia convierta asuntos de política interna en política externa, a partir de excesos verbales y de entusiasmos militantes que, al contrario de lo que siguen creyendo algunos funcionarios, son seguidos con interés en una sociedad global.

Es perjudicial que temas bilaterales o multilaterales delicados se traten a voz en cuello, como ha sucedido en este y en anteriores gobiernos con Colombia y Estados Unidos, solo para poner dos ejemplos. Y también es banal usar la red de comunicación de un Ministerio para anunciar, por ejemplo, la firma de un ‘memorando de entendimiento para establecer consultas bilaterales’ con determinado país, o la participación del Canciller en ciclo paseos.

En cuanto a la política del micrófono para tratar asuntos de seguridad interna, la situacion es más lacerante. El empeño por proyectar una imagen de eficiencia en la lucha frente al crimen organizado y no organizado normalmente se queda corto. Ya no se trata, como en el caso de la diplomacia, de políticas lejanas a la gente o de simples declaraciones, sino de dar respuestas a hechos violentos que afectan directamente a personas y familias.

El empeño, apoyado por la fuerza comunicacional del Ministerio y que incluye una cuenta de ‘twitter’ del Ministro, consiste en vender la idea de que la dependencia está atenta a la jugada y da golpes certeros a la delincuencia, no solo a través de operativos de inteligencia y de acciones policiales específicas, sino a través de una política de delación para capturar a los más buscados, que en corto tiempo son sustituidos por nuevos más buscados.

Es difícil pensar en un caso en donde haya un mayor divorcio entre la realidad y lo que se pretende mostrar. Se ha llegado a presentar como acciones de prevención a las coincidencias, se ha hecho más de un anuncio falso o se ha atribuido a las fuerzas policiales acciones que no les corresponden.

Ni la mejor propaganda sustituye a una lucha antidelictiva no politizada ni surgida de las encuestas, organizada, con un papel claro para las instituciones involucradas. A pocos meses de que se cumpla el plazo y pese a los grandes anuncios, las reformas en ciernes y las veedurías de coturno, el Gobierno no logra organizar al Estado para luchar eficazmente contra el crimen. Seguir propagandeando es seguir en estado de negación.

Si los asesores de comunicación del alcalde Augusto Barrera decidieron silenciar sus ‘tweets’ (trinos), los estrategas de comunicación del Gobierno debieran hacer algo para que el Ministro del Interior no ahonde el desfase entre la imagen que se quiere crear y la realidad. Resulta insultante para la inteligencia de los ciudadanos y para las víctimas.