Juan Esteban Guarderas

Torpe libertad antivacuna

En ningún momento se ha considerado seriamente a la libertad como un derecho absoluto. Es decir, que no pueda ser regulado, que no pueda ser limitado, que no pueda ser circunscrito en circunstancias específicas. En realidad, no hay tal cosa como un derecho absoluto y no conozco un orden político – con un desarrollo doctrinario moderno – que contemple tal cosa. Incluso el derecho a la vida está limitado, por ejemplo en casos de legítima defensa.

El humano es un zoon politikon, un animal social. Nuestra vida en sociedad – en un conjunto de individuos – es lo que nos confiere nuestra humanidad. Necesitamos impajaritablemente vivir con otras personas, es un rasgo indispensable de nuestra civilización. ¿Cómo se logra esto? Pues limitando los derechos de unos y otros, así compatibilizándolos.

Las filas, los turnos, el orden en la distribución de los recursos, todos estos son elementos que limitan la libertad de cada individuo. Pero lo aceptamos porque necesitamos vivir en sociedad. Nadie puede conducir su carro como le dé la gana, hay semáforos, porque vivimos en una sociedad. Nos vemos en la necesidad de limitar la libertad de quienes quieran grafitear la Iglesia de La Compañía, porque hay otras personas que quieren la libertad de mirarla tal y como fue concebida. La vacuna es una necesidad para la sociedad, esto exige limitaciones a la libertad, punto.

Lo desquiciado, lo sideral, es que esto haya que recordarlo. No se trata de reflexiones recientes. No es tecnología filosófica y política últimamente desarrollada. En Platón esto ya era viejo. Y aún así hay personajes que se lamentan de que las vacunas amenacen su libertad.

Más bien agradezcan que no se les ha forzado. Por un respeto a la libertad de quienes deciden no vacunarse, se han puesto en marcha medidas para que estas elecciones individuales e individualistas no generen mayores efectos perniciosos para el resto. Entonces, me da urticaria cuando escucho que es “opresión”, que es “totalitarismo”, limitar el acceso a lugares a quien por creer rumores o fuentes torpes decide no vacunarse.

Así es cómo el debate sobre la vacunación es el clímax de la posverdad en el posmodernismo. No es posible en este espacio exponer todos los elementos de ello, pero si puedo señalar que no tengo en registro un contexto histórico similar, donde se haya generado tal disputa sobre hechos fácticos. Existen personas que creen – hacen conferencias al respecto en EE.UU. – que el planeta es plano, otros que el difunto John F. Kennedy Jr. está vivo y buscando devolver a Trump a la Presidencia estadounidense, etc. Pero mientras no se generaban riesgos para el colectivo, estas tendencias eran anecdóticas. Ahora el derecho a estar desinformado está generando pérdidas de vidas y pérdidas económicas millonarias.