Gonzalo Ruiz Álvarez

Toros, historias y continuidad

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Viernes 20 de diciembre 2019

El simulacro de una celebración sobrepuesta este año con mucho marketing y una sensación amarga, impostada, quedó en el ambiente.

Las fiestas de Quito, como se las conoció durante medio siglo, fueron una alegoría a un rito mestizo que se asentó durante más de 500 años, especialmente en la Sierra.

La Feria de Quito, aquella de las figuras del toreo, toros españoles o mexicanos y luego los nacidos de la simiente de las últimas importaciones de ganado bravo, tuvieron una vida fecunda de medio siglo.

Antes de la Feria de Quito las corridas de toros en la capital tuvieron muchos escenarios. La Plaza Mayor (plaza grande), como en cualquier poblado de España, era el escenario natural del espectáculo. Luego hubo varias plazas: las carnicerías (hoy Teatro Sucre), la de la calle Manuel Larrea, Guangacalle (hoy avenida Gran Colombia, Teatro Capitol) y otros escenarios muy cercanos: La Plaza Belmonte, al pie de La Tola en el barrio de San Blas; y a pocas cuadras, en La Guaragua, la Plaza Arenas. Hasta la Plaza Monumental en Iñaquito (1960).

En los terrenos de la familia, don Abel Guarderas alzó la Plaza Belmonte. El célebre nombre de una de las grandes figuras de todas las épocas( Juan). Corridas de toros, bailes populares, encuentros deportivos y la fiesta de inocentes se celebraban en aquella plaza, que luego fue remodelada.

La Plaza Belmonte, reviviendo su añeja historia, fue desde 2005 escenario de uno de los acontecimientos taurinos más importantes de la capital: El Festival Virgen Esperanza de Triana. Con grandes figuras de ayer y hoy cumplió 15 años. A su alrededor se programaron festejos goyescos, corridas mixtas, novilladas y festivales.

La Belmonte vino a llenar un vació hondo en la afición de Quito, especialmente cuando el odio político llevó a las urnas la infeliz idea de consultar a los electores sobre un derecho fundamental: la libertad de elegir. Así se suprimió el epílogo de la lidia tradicional y las corridas de toros en Quito quedaron mutiladas. La Plaza Belmonte mantuvo viva la llama de la afición, mientras la Plaza Quito veía cerrar sus puertas a esa gran feria de América(la última en 2011).

Simultáneamente nacía la Feria de Latacunga, hoy de renombre mundial, y que goza de una importante presencia de espectadores que dan colorido a los tendidos, llenan los hoteles de la capital del Cotopaxi y son acogidos con calidez. La generación de una nueva dinámica económica se afirma en Latacunga al palidecer Quito y su feria que solo es un recuerdo imborrable.

Un funcionario de segundo orden del Gobierno de Correa prohibió las transmisiones radiales en la Feria de Quito. Ese mismo personaje asestó otro golpe bajo a la afición. A la empresa Triana ya no se le renovó el contrato el Cabildo. San Blas se quedó silencioso este año mientras las orquestas se sembraban en otros barrios.

Ya no es igual el ‘Chulla Quiteño’ sin el viejo sonido de los metales de las bandas de los poblados aledaños. Los olés y una parte importante de la celebración se nos fue.