Grace Jaramillo

Tirar la primera piedra

valore
Descrición
Indignado 3
Triste 0
Indiferente 36
Sorprendido 1
Contento 31
Domingo 02 de diciembre 2018

El esfuerzo por presentar los argumentos y debatir la reforma al Código Integral Penal ecuatoriano para despenalizar el aborto parece que llega a buen puerto.

La Asambleísta Esther García presentó oficialmente el proyecto de reforma para el trámite legal y todo el Movimiento de Mujeres en el Ecuador está unido detrás de este proyecto de solidaridad para con las más vulnerables: aquellas mujeres que sufrieron una de los peores tipos de violencia –la violación sexual- y son doblemente golpeadas si deciden tener un aborto.

Esta es una batalla por restituir al menos en algo la injusticia que se comete con mujeres que son obligadas a ser madres; a nunca recuperar su vida plena, sus proyectos y sus sueños. No hay que olvidar, además, que en el caso de niñas y adolescentes muchas de estas violaciones ocurren en el seno de la familia y, a la violación hay que sumarle el crimen de incesto y la huella que eso genera de por vida.

Entonces, no se están salvando las dos vidas, quedan sólo dos medias vidas luchando por subsistir. Digo todo esto porque nunca voy a olvidar a una niña de Santa Rosa, El Oro, que llegó a mi casa hace algunos años pidiendo trabajo de lo que sea. Tenía apenas 15 años. Ella contó que su padre la había violado borracho y que cuando le contó a su madre, ella la golpeó hasta cansarse acusándola de que “ella le debe haber provocado”.

Huyó a Quito cuando se enteró de que estaba embarazada y fue a una casa de salud pidiendo desesperada que “la hagan abortar” al hijo de su padre. La sacaron a insultos diciendo que era pecado (no le dijeron que era delito). Al final, dio a luz a un bebé con serias deformaciones que murió a las tres semanas de nacido. Natalie nunca recibió ayuda sicológica. Esos nueve meses terminaron siendo una condena a más violencia, más pobreza, sin contar con el trauma que aún lleva a cuestas.

Sólo faltan dos votos para que el proyecto avance, los dos de Pachakutik. El de Encarnación Duchi Guamán, asambleísta por Cañar y el de Elio Peña, asambleísta por Zamora Chinchipe, una de las provincias con la más alta tasa de violencia contra la mujer en todo el Ecuador. Y por eso quiero dirigirme especialmente a ellos para convencerlos de que apoyar la reforma de ley es hacer lo correcto.

Es lo mínimo que el Estado ecuatoriano les debe a mujeres que sufren ya lo indecible. Si son creyentes, con mucha más razón. Recuerdo que una de las enseñanzas más importantes del catecismo cristiano es “amar al prójimo como a uno mismo” y no juzgarlo. Esto a propósito del pasaje en donde una turba de fieles se disponía a castigar con la muerte a una mujer que había cometido adulterio.

Según la memoria que allí se cuenta, Jesús apenas dijo que “el que esté libre de culpa tire la primera piedra”. Es hora de apoyar la despenalización del aborto. Es hora de dejar de tirar piedras a mujeres indefensas cuando la sociedad aún no ha aplacado la violencia que sigue rampante amenazándolas.