Columnista Invitado

Tierra y migración

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Jueves 19 de septiembre 2019

Chris Jochnick
Project Syndicate


La cadena de suministro mundial de alimentos corre peligro. Esa fue la fuerte advertencia de un informe reciente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) acerca de la agricultura y el cambio climático. Ya abundan las señales. Cientos de millones de personas padecen hambre y desnutrición en todo el planeta, lo que su vez está causando las migraciones más masivas de la historia. Para que las personas se queden donde están, antes que nada es necesario el fortalecimiento de su derecho a estar allí.

El IPCC concluye que para mejorar la seguridad alimentaria en medio de un cambio climático en aumento será necesaria una revolución en el uso de la tierra. Entre otras medidas, los agricultores deberán implementar prácticas agrícolas (como una mejor irrigación, uso de terrazas y agrosilvicultura) que mejoren la resistencia a las condiciones climáticas, permitan conservar el suelo y los bosques, y eleven la producción.

Y, sin embargo, millones de habitantes rurales carecen de la estabilidad o las oportunidades para invertir en una transformación de este tipo, en gran medida debido a la inseguridad de sus derechos sobre la tierra. A medida que se intensifica el cambio climático, sus vidas se han vuelto cada vez menos sostenibles y su cadena alimentaria, cada vez más limitada. Muchas familias rurales apenas pueden sobrevivir, por no hablar de escapar de la pobreza.

Este problema es particularmente agudo en América Latina, la región del mundo con una distribución más desigual de los derechos de la tierra. Más de la mitad de los terrenos productivos del subcontinente está en manos de apenas un 1% de las fincas, y es muy poco probable que los campesinos e indígenas se beneficien de derechos más seguros a la tierra. Así, se quedan sin la posibilidad de aprovechar el que sería su recurso más productivo, o siquiera contar con seguir poseyéndolo.

En particular, América Central se ve asolada por la desigualdad de los derechos de la tierra y el hambre causada por el cambio climático. En el “Corredor Seco”, que pasa por Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua y representa la mitad de los pequeños agricultores de cereales básicos, cinco años de sequía persistente han acelerado la degradación del suelo, afectando gravemente las cosechas y la seguridad económica.

Se estima que en la actualidad 1,4 millones de personas necesitan ayuda alimentaria en el Corredor Seco, pero solamente 160.000 la han recibido. A menudo migrar, ya sea a áreas urbanas dentro de sus países o cruzando fronteras a ambientes donde haya mayor seguridad alimenticia, parece la única opción. No es casualidad que la mayoría de los miles de migrantes desesperados que llegan a la frontera sur de Estados Unidos procedan de América Central.