Roberto Salas

Un terrícola transformado

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Viernes 29 de mayo 2020

Me vi jugando en la playa, mi preferida, junto con tres niños alegres, con algún parecido entre ellos y a mi, un terrícola normal. De pronto desperté y decepcionado reconocí que era un sueño. Uno de esos del que uno no quisiera despertar, pero me di cuenta que estaba en la cama, a las 7am, en pleno mes de abril, sin niños, y apenas recordé las noticias de la noche anterior preferí no prender el televisor y empezar el teletrabajo temprano.
La pandemia andaba en su máxima manifestación en Guayaquil. Dos semanas atrás había fallecido un gran amigo del trabajo, la semana anterior había sido un primo querido y hace pocos días otro familiar. Las noticias eran espantosas respecto al caos y la desesperación de mucha gente que no sabían cómo enterrar a sus muertos, o conocidos que a través de chats pedían información o ayuda para encontrar algún medicamento escaso, lograr una donación, ubicar un tanque de oxígeno o un cupo en un hospital.

Uno no sabía si el siguiente día el enfermo estaría en casa, en la del vecino, o incluso si uno mismo fuera el próximo cremado. Fueron días de extremo miedo, y ansiedad. La fragilidad humana en su máxima expresión dando espacio a la reflexión mas íntima y profunda sobre la prudencia, humildad, templanza, el cuidado y la fe.

Ya en los primeros días había decidido que de esta salimos, pero no iguales a como entramos, sino mejor... mucho mejor. Como persona, familia, empresa, país. ¿Pero cómo lograrlo? Había escuchado y leído sobre la resiliencia. De hecho ya había profundizado en ella e incluso había escrito algunos artículos. Recordaba que al tratarse de personas depende de la autoestima y la seguridad en sí mismo por la convicción en los valores y la fe. Los valores y la fe pueden estar ahí, pero si no hay convicción se desvanecen.

Entonces encontré una pregunta sustancial: ¿Si estuviera en tus manos decidir en qué persona te quieres convertir, quién serias? No se trata de parecerte a alguien, sino en imaginarte con las actitudes y cualidades que aspirarías. Claro que no puedes cambiar mucho tu físico, salvo reducir unas libras, pero sí puedes eliminar hábitos e incorporar otros, dejar de ser tan terrenal para incrementar tu espiritualidad, o dejar de ambicionar dinero o poder y crecer en el amor, alejando el ego y acercando el interés por los demás abrazando la diversidad que nos rodea. Veo que la pregunta se adapta a empresas, incluso al país. ¿Qué tipo de país e instituciones sueño, y cómo definir el éxito?

Decido optar por renacer, en la salud, la consistencia con mis creencias, el cuidado, escuchar más, contribuir mejor, y así encontrarme de nuevo algún día de estos en mi playa preferida, esta vez en la vida real, ya de regreso como un terrícola transformado, mejor... mucho mejor de quien era a inicios de marzo.