Grace Jaramillo

Terminemos el cuento

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Domingo 21 de octubre 2018

No cabe duda que el Canciller se merece una felicitación por haberse decidido a terminar con la comedia de Julian Assange, no sólo entregando los documentos que prueban la falsedad documental al otorgarle la ciudadanía ecuatoriana, sino también la grosera falta de ética al nombrarlo funcionario diplomático con el único fin de tramar su salida ilegal hacia Moscú. No es ahora, ésta fue la peor violación de la soberanía ecuatoriana desde la venta de la bandera en 1894. Ecuador hipotecó su capacidad de relacionarse con el mundo a un solo individuo y su oscura agenda internacional. Que nadie se equivoque, el Ecuador en ese momento renunció a su condición de país no alineado, para convertirse en una pieza más (un peón) del ajedrez mundial que estaba jugando Putin contra Estados Unidos y viceversa. Que no lo hayan querido ver es otra cosa, pero siempre esa información estuvo ahí desde el inicio. La apuesta de Rafael Correa y su equipo era “agudizar las contradicciones en Occidente” –al mejor estilo estalinista- y covertirse en cabeza de playa de una alucinada agenda contrahegemónica que se está cayendo como castillo de naipes para los países pobres. En esto, los que dirigen las marionetas siempre ganan, mientras el Ecuador terminó endeudado, rezagado, perdiendo inversiones y socios internacionales y defendiéndose sólo en ese ajedrez mundial que aún no alcanza a comprender.

Así que desmitifiquemos una vez falacias con gran éxito de audiencia: Julian Assange nunca fue un perseguido del imperio, fue acusado de violación y acoso sexual en Suecia, un país en el ranking más alto de reputación mundial (puesto 3), pero como siempre, hicieron de menos la denuncia porque se trataba de mujeres. EE.UU. no ha tenido, ni tiene un proceso en su contra, hecho repetidamente respaldado por varios expertos que el Ecuador contrató. Sólo este año es posible que la investigación Mueller le pida testificar en el caso de colusión con Rusia, pero el fin es lograr su cooperación judicial para sindicar a Trump y su combo. Finalmente, recordemos que Assange renunció al asilo ecuatoriano el 4 de diciembre. Ecuador está protegiendo a un ciudadano australiano-¿ecuatoriano? que ha violado la ley en el territorio huésped de la embajada. El protocolo estricto que le han impuesto sólo patea la pelota hacia adelante, esperando –tal vez inútilmente- que el huésped se rinda.

El gobierno del Ecuador debe terminar este cuento de una buena vez y entregar a Assange a las autoridades inglesas. A quienes les preocupa Assange, quédense tranquilos, lo único que pasará es que pagará alguna semanas o meses de cárcel en Reino Unido y luego se instalará cómodamente en Rusia para continuar su operación de hackeo y desestabilización a Occidente. Ecuador debe recuperar su soberanía, reputación y sobre todo autonomía frente al juego de ajedrez mundial.