Gonzalo Maldonado

Teoría de la violencia

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Domingo 29 de julio 2012
29 de July de 2012 01:13

Esta semana James Holmes, un muchacho de apenas 24 años, asesinó a sangre fría a 12 personas e hirió a otras 58 en un cine en EE.UU. Lanzó granadas y disparó a sus víctimas con un rifle de los que se usan en los campos de batalla.

Para intentar que su pena sea más benigna, el abogado de Holmes ha dicho que su cliente actuó bajo la influencia de fármacos y también azuzado por las escenas de la película que veía. ¿Es plausible este argumento?

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha usado drogas y ha convivido con historias que exaltan la violencia. Baste recordar La Ilíada –cuyas páginas están erizadas de enemistades mortales y referencias casi mágicas al vino– para confirmar aquello.

Si portamos el gen del exceso y la violencia, ¿significa esto que los seres humanos estamos condenados a matarnos irremediablemente? Al parecer no. El año pasado, Steven Pinker –psicólogo laureado de Harvard– publicó‘The Better Angels of Our Nature’, un voluminoso libro que provee abundante información estadística sobre el declive general de la violencia en el mundo.

Por ejemplo, el número de homicidios en países occidentales ha caído de 24 por cada 100 000 personas, en el siglo XIV, a 0,6 por cada 100 000 personas en los años 60 del siglo pasado. Las muertes en batalla han pasado de 65 000 por año, en los años 50, a 2 000 por año en la década pasada, cuenta Pinker en su libro.

Nadie ha podido explicar de forma concluyente las razones de este ‘proceso civilizatorio’–para usar un término de Norbert Elias, investigador de los orígenes de la violencia– que ha sufrido el ser humano. Pero sí hay varias hipótesis interesantes:

Se señala al surgimiento del Estado –que impuso leyes y monopolizó el uso de la fuerza– como el elemento central que ha permitido el declive de la violencia. Están, también, los avances científicos que subieron la expectativa de vida de las personas e hicieron, en la mente y el corazón de las personas, más valiosa la existencia del otro.

Por último, los procesos de globalización que han ocurrido en la historia mezclaron razas, credos y costumbres y aumentaron el costo –económico, social y sentimental– de eliminar a una persona.

El Ecuador transita peligrosamente por una deriva de crimen y violencia que nadie sabe a dónde nos llevará. Pareciera ser que, para controlarla, no se debe poner tanto énfasis en el control del alcohol o de los espectáculos, como se hace actualmente. La historia y la ciencia nos están mostrando que más importante es fortalecer las instituciones; diseñar leyes que promuevan la justicia; y crear una sociedad más equitativa. Para combatir el crimen y la violencia primero se debe entender la naturaleza humana.